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1 d TP ¿i U u j. i- u i i- r; i ilo Ui muerta, lijo la inglesa. ¿De qué muerta? -Vaya, entre usted y le contaré en dos palabras el caso; así como asi no hago aquí otra cosa Tengo u n té excelente y una manteca muy buena. If you please y me indicó la entrada del casetón. Entré. El interior era nmy sencillo. Muebles ingleses le pino; una cama, una gran piel para lecho del perro. Y u n a chimenea con varios troncos do leña ardiendo y alegrando la vista con la llama Y niientras servía el té, la inglesa me dijo: -Hace cinco años que vinimos aquí, mis señores, sus hijos y yo, á traer á la señorita Fany, la mayor de las tres que tenía niíster (jordon, el gran fabricante de Londres, l a señorita estaba tísica, y según opinión de los médicos, sin remedio posible. Al entrar en Suiza se le antojó la adquisición de este perro, que estaba en un hotel, y era muy cariñoso con los viajeros. Su padre se lo compró, y desde entonces no se separó de nosotros. La señorita pareció mejorar, y durante dos años que pasamos en Teri- itet, iba siempre acompañada de Blalc, monte arriba. Ya sabe usted que las costumbres inglesas permiten que las jóvenes solteras salgan solas. Una tarde, á la hora de comer, notamos la ausencia de la enferma. Creímos que le habría ocurrido algo, y salimos todos en su busca. No la encontramos, y puede usted figurarse la desolación de toda la familia y nuestro asombro cuando á las diez de la noche vimos aparecer á Blalc solo. Llegó al hotel jadeante; cogía con los dientes la levita de mi amo, queriéndole arrastrar fuera; comprendimos que nos pedía seguirle. Provistos de antorchas y faroles salimos todos, seguidos del personal del hotel, y al cabo de hora y media de seguir á Blalc, encontramos á mi pobre señorita muerta sobre la nieve. El perro, con aullidos de dolor, lamía el cadavérico rostro No hubo accidente ni ataque en despoblado. Miss F a n y murió de lo que debía morir, y acaso por la imprudencia de alejarse demasiado de casa en noche tan fría. La llevamos á Territet, y Blalc estuvo durante todo el tiempo que duró el funeral de cuerpo presente, encima d e la caja mortuoria, con gran asombro de los presentes. Míster Gordon compró este terreno, en el mismo sitio donde su hija nmrió, para que fuese enterrada en él. Blak presenció el enterramiento y se quedó aquí. No hubo forma de alejarle, de ninguna manera. Entonces, los padres de la inolvidable señorita dispusieron que el perro viviese aquí y que yo estuviera á su cuidado, y aquí nos pasamos la vida, bien pagados y bien mantenidos, y Blah es dichoso. Pero ¡ay del que se acerque á ocho ó diez metros de la tumba! Blalc le devoraría, y el año pasado casi hizo pedazos á un francés que se empeñó en ver lo que ahí había. ¿Y los padres de la muerta vienen todos los años? El primer año vinieron y estuvieron dos meses; el segundo vinieron y estuvieron un mes. El tercero ocho días Desde hace dos años no vienen; me escriben una larga carta y me envían dinero para todo el año- ¿El único fiel es el perro, verdad? ¡Oh, Blak acabará sus días aquí, no tenga usted duda! Tomamos el té, volvió el hermoso animal, se sentó á nuestro lado, y pasamos juntos la tarde. Y al volverme abajo, al hotel donde debía pasar la noche, me quedé contemplando la altura donde quedaba el único repres e n t a n t e de la fidelidad desinteresada íjíf EusEBio BLASCO DIKC. IOS DI: MKNliEZ lüUXOA