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EL HOMBRE, ¿ESTA LLAMADO A DESAPARECER? El femiaismo lo invade todo. Cada día que pasa es una nueva conquista para la mujer, que no contenta con haber adoptado en el vestir prendas iguales á las del hombre, excepción hecha de los pantalones, por más que muchas los llevan puestos moralmente, pretende disputarle sus profesiones, rivalizar con él en las ciencias y en las artes, tanto, que ya en Francia tienen abogadas, médicas, y creo que hasta chicas de lo Contencioso, qiie con las jóvenes telefonistas, tenedoras de libros, encargadas de casas comerciales, etc. dan un respetable contingente femenino usurpador de los destinos del llamado pomposamente Eey de la Creación, el cual cada día va estando más expuesto á un vergonzoso destronamiento. Si no hace mucho empezaron á organizarse ligas para la defensa de los derechos de la mujer, dentro de poco tiempo, y á seguir las cosas por ese camino, ¿quién duda que los hombres tendrán que formar otra liga contra la formidable invasión del sexo débil? Pero tampoco queda la cosa ahí, al lado, en Francia. En Eusia van más lejos. Allí tratan nada menos que de emplear á las mujeres en los servicios ferroviarios, sustituyendo á los jefes de estación por muchachas de buen aspecto; que con una gracia encantadora dirán á su marido ó á su novio: Espérame un momento, que voy á despachar el tren 21. Yo no sé si las jefas de estación tendrán ó no que permanecer solteras por acuerdo de la Compañía de ferrocarriles, pero si pueden contraer matrimonio, la misión del marido es verdaderamente vergonzante. ¡Dormir tranquilamente, á pierna suelta, mientras su pobrecita mujer, muerta de frío, espera la llegada del tren de mercancías! ¡Tener que sufrir los piropos que los viajeros le digan al pasar á la jefal Y si las encargadas de tan delicado puesto son madres de familia, ¡cuántas angustias no pasarán al oir llorar á lágrima viva al pedazo de su corazón sin poderle atender por estar comunicando con la jefa de la estación inmediata! Si es celosa y su marido mira con buenos ojos á la guardaaguja ó á la factora, ¡cuántos trenes aguardarán pacientes la salida, mientras en el interior de la estación se desarrolla una tremenda escena de celos! Pero en cambio la idea rusa, por decirlo así, tiene sus ventajas. Muolios viajarán sin necesidad, sólo por el placer de ver á jefa de tal ó cual estación. Desde tal punto de vista, la idea es excelente, porque las compañías de ferrocarriles aumentarán poderosamente sus ingresos. La verdad es que las costumbres pueden mucho; pero ¡qué sé yo! siempre me parecerá inverosímil que un hombre pueda casarse con un jefe de estación. En Francia no han llegado á eso todavía, pero en cambio cuentan con dos agraciadas jóvenesqueya informan ante los tribunales. Con el tiempo habrá que preguntar á los procesados como en los cafés: ¿Qué quiere usted? ¿chico ó chica? ¿abogado ó abogada? Y es posible que muchos en agradecimiento de la defensa de su abogada la. pidan su mano, porque dirán, y con razón: Si así me defiende esta joven ahora que no es, nada mío, mucho mejor me defenderá cuando sea mi mujer Yo no sé qué criterio seguirán estas abogadas en las causas del divorcio; pero seguramente, aunque. no sea más que por instinto, ¡bueno pondrán al hombre, bueno! Como sugestión, sí que indudablemente la ejercerán sobre el tribunal, sobre todo cuando tengan un buen palmito, y más de un magistrado se sentirá tocado en el corazón por la clemencia ante unos ojos expresivos y una sonrisa amable; porque hasta la Justicia no quiere nada Con las feas. En la Medicina es donde seguramente podrá ejercer mayor influencia la mujer. ¿Qué enfermo no se pondrá bueno con una médica de veinte abriles? Aunque no sea más que por galantería. Luis GABALDÓN DIBUJO DE XAUDARÓ