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Querida amiga Eosa: Sólo una novedad puedo comunicarte. He vuelto á dar lección de piano, y estoy loca de contenta. Supongo que tú lo estarás también, porque ya sé que has reanudado como yo los estudios musicales. Yo en la corte y tú en el pueblo, llegaremos á caupar la admiración de nuestros amigos. Sin ir más lejos, anoche tuvimos en casa una reunión agradabilísima, salvo un ligero incidente debido al genio de mamá, que en plena soirée pateó y mordió á un infeliz contertulio fabricante de macarrones, que, sin prever las consecuencias, la llamó señora mayor Una vecina cantó La stela confidente La estera con filetes, como mamá la llama) Otra amiga nuestra qiíe es sevillana y gasta barba, cantó un aria del Barbero de Sevilla. Dos chicas de Jerez bailaron unos panaderos con mucha miga; un poeta de SocuóUamos recitó dos sonetos larguísimos dedicados Dominguín y á Santa Eita de Casia respectivamente, y yo toqué, acompañada por mi profesor y por todos los concurrentes, una romanza sin palabras malsonantes de Mendelsshon, y una fuga de Gass, autor de los que suben pronto. Y ahora que te hablo del profesor, te diré en confianza que me he enamorado de él cómo una bruta. Verdad es que se lo merece. Si vieras qué barba tiene más rubia, qué narices más artísticas y qué zaragateo en la conversación! Deseo que llegue la hora de la lección, porque paso un rato delicioso con él. En fin, es tan bueno; que ayer me dio La primera declaración, que es un vals de primer orden. Muchas veces hablamos de lo que vale una corchea y una negra y una blanca, ¡Ahora es cuando él va á ver lo que vale una Blancal Por lo que á mí me sucede juzgo lo que tú gozarás también. ¡Bendita sea la hora en que nos hicieron vol ver á estudiar. ¿Verdad, Eosa, que el piano es una delicia? No te digo más. Escríbeme, y recibe un abrazo en sol natural mayor de tu amiga Blanca. II Querida amiga Blanca; Te envidio con todo mi corazón. ¿Con que el piano es una delicia? ¡Qué ha de serl Tú anhelas que llegue la hora de dar lección, y para mí es un tormento horrible. ¡Ojalá no llegase nunca! ¡Como que es la única hora que yo tenía destinada para ver á mi Rafael! Aquí también hemos tenido ayer cachupinada. ¡Pero qué cachupinada! Se pareció á la tuya en que cantaron una romanza del Barbero, pero no del de Sevilla, sino del barbero de aquí, que tan fácilmente compone una romanza como descompone una fisonomía. Después bailaron también unos panaderos, es decir, unos individuos que cuecen pan frente á mi casa y bailan cuando hay ocasión. Tú y yo vemos el arte por muy diferentes prismas, ¿Sabes quién me da lección á mí? El sacristán de las monjas de Santa Teresa, que es un tío muy gruñón, feo como el pecado y padre de siete mochuelos. Si hago mal algún arpegio, me da un tirón de orejas; y si me cómo las notas, me deja sin comer de lo demás, ¿Él enseñarme piezas alegres? I Quiá! Letanías y cosas rancias. Cuando me vuelve las hojas, yo le volvería las espaldas. ¿Dices que tu profesor te ha dado La primera declaración, que es un vals precioso? A mí me ha dado mi sacristán La primer tabarra, que es una mazurka de tres bemoles, fiel reflejo del oficio de Difuntos. ¡Y emplea el hombre unos vocablos más raros y más antiguos! En lugar de decir que toca el piano, dice que lo tañe. Yo no sé si tañeré los resultados de la enseñanza. Lo que sé es que vivo tañendo el cielo con las manos. ¿Ves cómo tenemos que apreciar el arte de muy distinto modo? Adiós, Blanca. Ten lástima de tu desesperada amiga y hermana en teclas, Bosa Pedales. Por la copia, JUAN P É E E Z ZÚSIGA