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UlIS ROYO VIIUNOVA ANIVERSARIO x año ha transcurrido ya desde la muerte de nuestro malogrado compañero, y tan viva está su memoria entre nosotros, que cuando la suerte ó la simpatía del público nos conceden alguna satisfacción, iríamos todos á buscarle al que fué su despacho para compartir con él nuestra alegría. Preciso es que reflexionemos que murió, que ya no existe, que ya no puede particijiar de nuestras dichas, para que al primer afán de buscarle suceda este triste pensamiento: ¡Pobre Royo, cómo gozaría ahora si viviese! Tal pensábamos al ver en las JíCavidades últimas invadida nuestra casa por un enjambre de pequeñuelos que se deleitaban contemplando el juguete que les había entregado la caridad de nuestros lectores; porque aquel gran ingenio, amante de la sátira suave, de la fina ironía que no produce daño ni molestia, porque las sonrisas no pueden marcar sangre, adoraba á los niños. ¡Cuánto gozó la vez primera que en la casa de BLANCO Y N B G E O celebróse el festival infantil! ¡Qué alegría la suya tan simpática al ver erguido el árbol de Xoel, por entre cuyas ramas asomaban triunfantes los Juguetes! Recordamos con lágrimas en los ojos que aquella noche anterior á la fiesta apenas durmió trabajando febrilmente en los preparativos del infantil festejo A la segunda fiesta de los niños, á la del año pasado, ya n o pudo asistir. i Pobre compañero nuestro! i Hubiera gozado tanto su alma afectuosa y sencilla presenciando nuevamente el alegre desfile de los niños! ¡Cuántas y cuan ingeniosas frases hubieran brotado de sus labios para ocultar con el chiste el desbordamiento de su emoción, porque la risa es también un delicado pudor de las almas nobles! Al evocar su imagen en este triste aniversario, nos parece no han pasado días desde que nos lo arrebató la muerte. Vemos el cielo nuboso de aquel 2 de Febrero en que acompañamos su cadáver á la estación del Mediodía para ser conducido después á la ciudad amada del pobre Royo: á la heroica Zaragoza. ííos parece contemplar todavía el lento desfile del entierro por el suelo encharcado de Recoletos, del Prado, del Botánico adivinando ya en los árboles de estos paseos una explosión de vida primaveral, mientras nuestros pies, siguiendo al coche fúnebre, chapoteaban el fango Oímos casi el ruido como de caer en la fosa que produjo el féretro al ser depositado en el vagón, y aquel siniestro resbalar de la compuerta de éste, que crispó nuestros nervios como un ¡adiós! desesperado. ¡Lloramos al compañero querido, al amigo del alma! y cuando nos elogian un número de BLANCO Y NBGEO afortunado, ó cuando nos alaban cualquier detalle de esta Casa que para el público construímos, á él se van nuestros ensamientos, porque en el número intervino con su espíritu y en la casa habita aún por el afecto. Si Dios, como creemos, coloca á su diestra á los elegidos, entre ellos estará quien lleno de fe no tavo más recreo que el de su feliz hogar; m á s pasión que por la infancia; más deleite que el de las artes y las letras; más afán que el progreso de la prensa española; un entusiasmo grande, Zaragoza; un culto ferviente, la amistad. A su inconsolable viuda renovamos el testimonio de nuestro dolor. F 0 T 0 GE. 4 FIA HUERTA