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COSTUMBRES SOCIALES T- TM OOET X E: ABEÁ pocas épocas del afío tan pródigas en comidas y, l) teat familiares eorap ésta del roes de Enero, durante el cual las buenas digestiones de los últimos días del aflo son recordadas con deleite y sirven de incentivo para seguir comiendo; beilóidiéal dé los que comen bien y digieren mejor. Aparte de esto, en el primer rúes del año parece qaé séestrechím los vínculos déla sangre y los lazos del afecto, siii. duda por lá intranquilidad que liévaá todos los espíritus el- probleiija del áOp naciente. jUn afio másl ¿Quién sabe si lléiio dé felicidades ó de desdichas? se pregunta la humanidad asustada. ¡ComamosI Comer; sí; peto en la compañía agradabilísima de cariñosos parientes ó de verdaderos í amigos. Aunque la comida á que sé les invite carezca de pretensiones, debe de convidárseles, bien de palabra ó ptír escrito, con algunos días de anticipación, para que los invitados puedan acomodar sus asuntos ó planear sus distracciones sin que la comida con que se les obsequia constituya para ellos, en vez de un placer, una mortificación ó una molestia. El invitado, por escrito contestará siempre si acepta ó no acepta el convite, cuidando en este último caso de manifestar discretamente las causas que se lo impiden y de lamentarse con sencillez de su desgracia. De este modo, el anfitrión sabe á ciencia cierta cuántos serán los comensales, y la dueña de la casa no se perderá en jms mattmáticas. Dijiróos antes que: aunque la comida carezca de pretensiones etc. pero bueno será advertir que toda comida debe de tenerlas para los que invitan, los cuales, dentro, naturalmente, dé SUS; recursos, se esforzarán en merecer el agradecimiento de sus huéspeiles. Convidar á mal comer es facilísimo, pero todavía es más fácil no convidar á nada, y cuando una persona no está segura de proporcionarun buen rato en él comedor á sus amigos, debe cerrarlo Ae w ¿fe cíií) íe íe, dejando en él prisionero el cocido familiar. liÓB invitados llegarán á casa del anfitrión diez minutos antes de la hora fijada para la comida; jamás después de sonada esa ¿ora. ¡Ojo, pues, con los relojes de veinticuatro horas y el meridiano de Greenwichl Para pasar del salón al comedor, eldueñó dé la casa ofrecerá su brazo á la señora ínás respetable por sn edad ó posición social de las invitadas, y romperá con ella la njarcha. La señora de la casa, que habrá advertido previamente á los caballeros co. nvidados á qué señoras han de ofrecer sus brazos, aguardará que todas las parejas se dirijan al comedor, apoyada en él brazo dé la persona más respetable del sexo fuerte que figure entre los comensales. Pueide, sin embargo, romper él orden de la marcha, pasando con su caballero, antes que las muchachas jóvenes y los muchachos afewáído de la familia ó de su intimidad. He aquí él orden de cplocación en la mesa: Ocuparán desde luégóambos centros los dueños de la casa, iteniendo á derecha á iZqnierdaél alas señoras, y ella á los caballeros más respetables Ó ca, Iificados de la reunión ¿Pero y si se tratase de una casaén lacndl faltara el jefe de familia? Entonces presidirán la mesa la señora y su hija ó su hijo mayores, á menos de no figurar entre los invitados un pariente respetable, hermano, cufiado ó tío de la dueña de la casa á quien ofrecer el puesto de honor. Otro día continuaremos tratando de este interesantísimo tema.