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s? ííM í Vedle tañir la cítara esplendente; (le mirto y de laurel ciñe á su frente espléndida corona; pídele al cielo inspiración y ayuda, al pueblo- rey saluda con rostro humilde y su canción entona. La nueva Babilonia, la altanera, la que en el mundo impera entre duelos y pánic s y asombros, la del orbe señora, la que luce sangrienta y triunfadora la púrpura imperial sobre los hombros; el soberbio patricio que en augusta cuna arrullara el Tíber; el guerrero que al sármata y al parto y al ibero con su valor asusta; la infiel sacerdotisa que del César en brazos, la divisa de Vesta mancillara; el campesino de atezado semblante, el atleta de torso de gigante. el taumaturgo que por don divino descifra los enigmas del destino y á sondar sus misterios nos enseña; del Trastiber la plebe, la risueña turba del Aventino; el poeta que oculta sus laureles y su sagrada inspiración oculta; la vil esclava que al pudor insulta; el viejo sacerdote de Cibeles y el bravo centurión y el pretoriano, todos rinden al monstruo vasallaje, pie hasta el genio le ofrece su homenaje en Séneca y Lucano. Y ¡guay del que pretenda liacer de noble independencia gala; del que el canto sublime no comprenda del que á los dioses en poder iguala; del que ose sincero de su voz no admirar las inflexiones, ó prefiera á sus cantos las canciones de Pindaro y Homero! d -m s Jlh. Contempladle bañado en viva lumbre sobre el estrado, pedestal y cumbre y abismo donde todo resplandece y embriaga y aroma, que la dueña del mundo es Roma, y Roma á su dueño y señor toda se ofrece. Contempladle; la cítara de oro tañe con torpe mano y su insonoro canto preludia ante su pueblo atento, y ora el dulce y profundo arrobamiento del éxtasis simiila, ora ronco y febril salta y Jadea, y la enorme cabeza balancea y en simias actitudes gesticula. Y el entusiasmo estalla, y el cónsul y el quirite y la canalla rompen en delirante clamoreo: ¡Ave, César cantor, sistro de oro! Astrol- -la turba grita. -Yo te adoro, y me ciega tu luz y no te veo. Y en el muelle cogín, en irrisoria afectada actitud en que mañana con su buril lo esculpirá la historia, se reclina soñando que es la gloria la torpe adulación, su barragana. Y reclinado en el cogín pasea los entornados ojos, en los que nada humano centellea, por la turba que ruge y que vocea á sus plantas de hinojos, y de pronto su sed de sangre aviva de Lucano la altiva faz á u n tiempo sarcástica y burlona; ¡ya le irrita mirar siempre delante una frente cien veces más radiante que en la que ostenta la imperial corona! Pronto Pisón intenta quebrantar el dogal que al mundo afrenta, y sucumbe Pisón y no desata el vergonzoso freno que al pueblo- rey y á su verdugo ata; y á la vez que Pisón, Lucano acata del déspota la orden, y sereno atraviesa del baño los umbrales, y en el agua aromada con verbenas corrige con la sangre de sus venas de sus cantos sus versos inmortales. AETUEO B E Y E S i- if y, f j í? ¡mí mm mmimiimníTmím