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-Bueno, hijo, bueno. Aprendí el refrán cincuenta años antes que tú. Pero ya verás como no te vale en esa cuesta. En fin, allá te las hayas; tú buscarás por donde bajar hoy y subir mañana. Efectivamente, Alejo tuvo que descolgarse dejándose escurrir por el tronco abajo, con notable detrimento de su ropa, que quedó hecha pedazos. Y otro día, por salvar la ropa, se tiró desde lo alto, con no menor detrimento de las costillas, que quedaron, si no despedazadas como la ropa, doloridas durante una semana. Lucas hacía con la vara de alcalde lo que Alejo con la. s varas del arbolado, sin más que una diferencia, y es la de que uno procedía por estolidez y otro por malicia. Debió su primer nombramiento para alcalde á la voluntad casi unájiime de los vecinos pobres del lugar. La fe democrática con que abogaba por los intereses populares, y aun su misma pobreza, le ganaron la opinión de Jos humildes, quienes vííían en él uno á modo de tribuno de la plebe que la defendiera de los desmanes del caciquismo rural. Nada faltó en su prijner programa administrativo. I a justicia igual para chicos y grandes; la equidad en el reparto de ¡os tributos; las economías en los gastos, para rel) ajar con ellas las cargas vecinales en favor de los menesterosos; la pureza en el régimen electoral; el respeto á las libertades constitucionales; todas aquellas recetas del formulario político que él leía, ó más propiamente deletreaba en los periódicos atrasados que de cuando en cuando venían á la aldea, fueron repetidas por Lucas ante sus admirados convecinos, como repite el papagayo lo que oye, sin saber lo que significa. Encaramóse sobre los hombros le la multitud por las ramas bajas del alcornoque social, hasta subir á la copa de él, donde sintió el inevitable mareo de la altura, turbadora de la vista y de la memoria. A los pocos meses era un alcalde, con las alcaldadas de siempre, tan cacique como su antecesor y tan embustero como el que pretendía ser su sucesor. Llegaron las elecciones de diputados. El gobernador apretó en favor de su candidato, y Lucas cortó la rama de la pureza electoral. Llegó el capítulo de economías: los perjudicados pusieron el grito en el cielo, y el alcalde cortó la rama de las economías. Llegó el reparto de gracias; los parientes pidieron, y Lucas cortó la rama de la justicia en beneficio de la parentela. Y así sucesivamente fué cortándolas todas, quedando asido á copa, que lo era para él el diputado, quien le valía de sostén en el gobierno de la provincia y de capa para tapar injusticias, atrop l al aldadas. -Lucas- -solía decir el tío Nicasio, -mira que vas tan descarri i tu oficio como tu primo Alejo en el suyo. -Ya me encarrilaré; no se ganó Zamora en una hora. -Así coni con la fórmula de los políticos que no quieren ó no saben cumpl promesas. -Que te olvidas de las ramas por donde has subido y al bajar ii tras desnudo como aquel zopenco. Y que ya te están desnudanc sacarte las tiras de) pellejo. -í o me faltará maña para taparme las carnes. -Allá tú; pero no quisiera para mí el batacazo que vas á lleva me valiera, no digo la vara de alcalde, sino el báculo del señor obi- -Yo sabré caer eji blando. -Pues mira por dónde has de subir luego, Y efectivamente; cierto día, el día menos pensado, se tron Lucas se sostenía, aquella rama alta, que por ser la más distante de la raíz es la más tierna, y el buen Lucas dio en tierra con sus Iniesos y sus vanidades. Alejo, el leñador, pudo aprovecharse de las enseñanzas do su tío Nicasio, porque los alcornoques no se acaban, y cuando subía á uno nuevo dejaba detrás ramas donde agarrarse. Lucas, el alcalde, sufrió el castigo de su imprevisión. Cucaña de vara concejil, no hay inas que una, y rota esa, no se puede practicar lo aprendido en otra nueva. Los engaños y las injurias tocan nui de cer a entre los políticos rurales, y no se olvidan tan pronto como entre los cortesanos. Por los campos aún suele respirar la vergüenza. Lucas no fué nunca más reelegido para la alcaldía, aprendiendo á su costa lo que no sabemos todavía por acá. Y es que los buenos leñadores y los buenos gobernantes tienen que pensar, antes que en las ramas supremas, en las ramas bajas, por donde han de bajar cómodamente y han de subir después con seguridad y sin riesgo. Esa es la verdadera y más provechosa habilidad. D I B U J O S D E MÉNDEZ B R I N C A EiraENio SELLIÍS De la Real Academia Kspañola.