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DE eiDi ABEIGO DE TEECIOPBLO BLAKCOCEEMA Oreo en la belleza de este abrigo; estoy convencida que es de terciopeloblanco- marfil; no dudo que va forrado de raso blanco- blanco; sostengo que lleva alrededor una estrecha, satinada y b l a n c a c i n t a convertida en ruche Tengo la seguridad de que esa especie de esclavina hace verdadero favor á la prenda y á t ¿t t- la persona. Afirmo que esa espumosa v a p o r o s a y musgosa gasa blanca, á más de guarnecer dicha esclavina y el amplio cuello Médicis, cae en sendas echarpes, l a s cuales ostentan asimismo ruche de la propia gasa, termi nando en ancho, plegado y bonito volante al hilo. Abrigo la firme convicción de que el adorno exterior, ese que más bien queda bajo que alto, habla muy alto en favor del buen gusto, ya que esta guarnición es un encaje de seda, blanco y dorado. 4 No sé á dónde vamos á ir á parar con esto de las guarniciones ostentosas, que convierten en una joya toda prenda de adorno; y vaya si ee prenda de valer una taima así, que viene á resultar otro vestidol Bastaría á su esplendor lo cumplido que el abrigo es y la buena tela de que está hecho; pero no basta, no, seño. wras; en la moda hay más: hay, I como he dicho, encajes y oro; dos aditamentos á cuál más cosi i. tosos. Mas no hay que alarmarse; V t i e n e compensación el gasto, pues es cosa de gusto. Y ante esto no hay disgusto que valga; ello vale la pena. ABKIGO Di: TERCIOPELO BLAXOO CREMA Creo, pues, en el atractivo del darse tono y decir: Aquí me tienen ustedes; si sur abrigo éste; está hablando parece que tif ne voz. Voz y voto para pongo un dineral, no es míala culpa, sino de quien me confeccionó y ya se sabe: lo que mucho vale, mucho cuesta Kn fin, yo juraría que al ver estos retratos no habrá mujer que desdeñe los abrigos ni hombre que no suspire por las retratadas. V 1 ifli W iX- ír ¿tifc