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KUESTROS PEIIIODISTAS Vaya una vida! ¡Levantarse á las tres de la tarde! Almorzar solo, porque los estómagos de la gente menuda que hay en la casa no se avienen á tanto retraso. Leer sin enterarse de lo que se come, ó comer sin enterarse de lo que sé lee: un rimero de cartas recibidas desde las primeras horas de la mañana, con un campanilleo continuo, que hacia exclamar sobresaltada á la señora: jVan á despertar al sefioritol Y apenas trasegado el cafó, ese licor espiritual que, con permiso de Oabania y de Oampoamor, tomado demasiado caliente es sólo un sudorífico; apenas trasegado, abrasándoselas fauces, ¡elgabán, el sombrero, el bastónl al Congreso. AlOongreso á pulsar la opinión sin pulso, á oir en el hemiciclo las mismas vulgaridades de siempre, y en el salón de conferencias y en los pasillos el chismorreo tradicional, vago y ameno, sin perjuicio de que la voz de un conspicuo le diga indignada: ¡Hombre, bien me trataban ustedes ayer! y de que otro conspicuo le lleve á un rincón obscuro para contarle sus cuitas. Mirar el reloj, y ver con disgusto que son ya las ocho y media de la noche. Acordarse de que los chiquitiaes estarán sentados á la mesa. Correr escapado al barrio de Salamanca en un coche de punto (que ya es milagro) Comer como por máquina, contemplando las caras de la gente menuda llenas de sueño, y en seguida otra vez el gabán, el sombrero á la redacción, y en la redacción hasta las tres ó las cuatro de la madrugada. Pues esta vida- -si eso es vida, -esta vida lleva el ilustre literato D. José Ortega Manilla, director actualmente de El Imparcial, siendo lo mejor del caso que el autor de El tren directo (título que parece hoy el de su existencia) es un hombre amantísimo dte su familia, aficionado como nadie á las dulces intimidades del hogar, algo indolente y soñador, como buen artista, y refinadísimo en sus gustos. Después de todo, el insigne novelista, aunque por temperamento artístico ame la lentituíd de la reflexión que conduce á la belleza por destino providencial, sin duda ha vivido siempre muy de prisa. Tan de prisa, que nació en Cárdenas (Cuba) el año 1856, y á los pocos meses de haber nacido, ya estaba en Madrid, como si le faltase tiempo para cruzar el charco. A los dieciséis años de edad, sin pelusilla d e bigote aún, fué redactor de La Iberia, y luego de El Parlamento, de La Patria y Los Debates, y á los veinte años publicó su primera novéla La cigarra, y se hizo célebre. Después ha publicado Ortega Munilla buen número de excelentes novelas, como las tituladas Lucio TréHez, El tren directo, Sor Lucila y la Viva y la muerta, escapándose, para meditarlas y escribirlas, desde la calle de Mesonero Romanos á la sierra de Córdoba ó á las espesuras de El Escorial, desde el mareo de la rotativa al augusto silencio de los campos, tan grato al oído como al espíritu, porque sitena á ideas. Y si en una de esas escapatorias á la ciudad andaluza. Ortega Munilla hubieras disfrazado conun turbante y un jaique, nadie habría sospechado al ver su tez morena, su barba negra, su continente de moro noble, que tenía delante al director de El Imparcial, á un trabajador incansable, á un hombre sin tiempo para nada, sino al último regalón personaje, soñador, artista y exquisitamente alimentado, de la corte de los califas. Alá es grande, y él ordena que el insigne literato, autor de tan notabilísimas novelas, tenga que vivir siempre muy de prisa; pero yo me permito dirigir un ruego á Alá y á Ortega Munilla, y es que, con jaique ó sin jaique, menudee sus escapatorias, aunque chille la rotativa. Josii DB EOURE Fotografía franzen.