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Mo I9oI MKMM flplei 77 eJ 7 to de fenco: f ígpo MMM, -quvol 2? DIFERENCIAS QUE SEPARAN A LA ELEGANCIA DEL LUJO L lujo puede brillar sin gusto, la elegancia no. Basta para conseguir lo primero disponer de grandes medios de fortuna; para ío segundo, resulta indispensable esa delicadeza y distinción natural, que en principio son patrimonio de todas las mujeres. Por lo mismo que el verdadero ideal de la elegancia radica e n i a sencillez, y en exclusivo queda á cargo de la mujer la tarea de embellecerse á sí propia y á cuanto la rodea, apartándose prudentemente de los derroches ruinosos del lujo, importa hacer constar que no hay nada tau repulsivo como la manifestación de la ruindad, hasta el punto de que un traje, un hogar que sólo acrediten una economía torpe, mal entendida, impresionan desagradablemente, al paso que la elegancia ingeniosa y delicada, al recurrir á los infinitos recursos que le ofrece la iniciativa femenina, realiza una misión tan simpática como útilísima para los fines prácticos á que obederam la sociedad y la familia. La elegancia de unét mujer inteligente imprimirá siempre á cuanto la rodea sello especial y propio, sin necesidad de recurrir al lujo, de naturaleza enteramente opuesta á la elegancia; y por lo mismo que con los poderosos recursos que. nos ofrecen las artes y las industrias modernas puede copiarse en tejidos poco costosos una hechura elegante y resultar por igual distinguida y bella, falta sólo elegir con acierto para lograr ese franco triunfo del gusto. Además, siendo indudable que la moda viene á realizar en nuestros tiempos una misión por todo extremo artística y beneficiosa al poner al alcance de todos las maravillas del gusto, ésto no se conseguiría ciertamente si las damas, interpretando los modelos merced á los derroches del lujo, llevaran al seno de las familias el malestar que produce siempre no poder atender con el debido desahogo las atenciones que á cada posición social van involucradas. Y del mismo modo que es posible copiar un traje costosísimo valiéndose de modestos tejidos sin que pierda nada de su elegancia, cabe hacer otro tanto en lo referente al adorno, al mobiliario de las casas, donde también se pone á prueba el gusto femenino copiando el estilo de un mueble soberbio recurriendo á elementos más sencillos. La resultante ha de ser la misma si la copia se realiza con acierto, y esta manera de apreciarlas ventajas que nos ofrece la elegancia sobre él lujo, responde en absoluto al modo de ser moderno. Antes, un traje duraba toda la vida; hoy apenas resiste una temporada; antaiáo, pocos, pero monumentales muebles, transmitidos de padres á hijos, llenaban las exigencias sociales; el confort y la coquetería moderna se traducen, por el contrario, en multitud de caprichos de todo género para las habitaciones. Pues bien, queridas lectoras mías, si no se recurriera á una sencillez elegante más que al lujo, así en materia de trajes como al referirse al mobiliario, sería de todo punto imposible á gran paite de las familias seguirla corriente elegante que á todos nos empuja, sin imponerse abrumadores sacrificios. No son necesarios, sin embargo; basta que nos fijemos, una vez para siempre, en las profundas diferencias que separan á la elegancia discreta del lujo ruinoso, para que el ingenio femenino, encontrando encantadores recursos en la sencillez imprima á sus trajes sin violencia ni sacrificio, así como al adorno del hogar, esa armónica fantasía, risueño reflejo de todos los tiempos y de todos los estilos, que tan á maravilla responde á las corrientes más acentuadas de la época moderna. JOSEFINA PUJOL DE COLLADO Ji ijF J A i- l J i ¡ñ! J i yí y Jt m A.