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J EL REGALO DE LOS REYES I- T vpá, papá! Aquí están los ¡ipíitos. -Bueno, vengan. ¿Dónde (lueréis que los ponga, en el balcón ó en la cbinienea? ¡En el balcón! ¡En la cliimenea! ¡En el patio! ¡Eh! ¡Alto abi! Fijémonos bien. Yo creo que será mejor ponerlos en la chimenea, porque mañana temprano hará frío y será muy) eligroso asomarse al balcón ó salir al patio á buscar el regalo de los Keyes Magos; ¿no os parece que tengo razón? -Como usted quiera. -Conformes. Vamos á ver, vamos, á ver. bus indudable que los Eeyes no saben vuestros nombres y que van á repartir lo que traigan, á iegas, al buen him tum, como dice la criada, y como ba dicho un diputado el otro día en pleno Parlamento- -i Es verdad! -Así es que yo qnisiei a que en ca la zapato dejáramos un papel con el nombre del dueño. ¿Eh? -Sí, señor, sí; voy por papel y pluma. ¡Anda! -Y diga usted, papá, ¿nos dejarán lo nnsnio que el año pasado? -No me acuerdo qué fué. -Al de. spertarnos y buscar los zapatos encontramos un caballo para Fernando, un taml) or piara Ernesto y una muñeca para Camila. ¿Y qué h a sido de las tres cosas? ¡Uf! ¡Hace mucho tiempo que se rompieron! ¿Sí, eh? Pues me temo que este año los lieyes, que lo saben todo- -Pues si lo saben todo, ¿para qué vamos á poner el nombre de cada uno de nosotros? -Para que le dejen á cada uno lo que merezca. Ah, val- Io temo que esta vez, enojados al saber que habéis destrozado los juguetes, pasen de largo! -i Ay, papá, no nos diga usted esp! -Aquí traigo papel y pluma. Vengan! Trae tu zapato, Fernando. -Tome usted. -Pueno. Basta con que pongamos á la calveza de esta hoja de papel tu inicial. ¿Ves? Así: F. -Ahora la mía. -Zapato de F nesto. Una E. -T ome usted el mío. -Trae, hija mía. F n vez de Camila, pondremos sencillamente G. Ea, ya está. Ahora á dormir y á áspela mañana.