Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A i dt 1 catedral está el célebre Papamoscas, inÚK célebre quó 1 SI i i i i s n i i i iglesia, si me apuran un poco. Pues bien; este Papamoscas, delicia embeleso de cuantos páparos visitan la patria del Cid, no es otra cosa (luo un enorme muñeco de madera de espantable cata lura v grotescas facciones, que, armado de un mazo, asonia entre el armatoste ridículo y de mal gusto que sirvo de cuadro al reloj interior del templo, y que llama inmediatamente la aten áón por su descomunal tamaño. El cual muñeco, que al igual de otros nuichos guerreros, i monstruos, pajarracos y monigotes ipie andan desparramados por esos campanarios de Dios, no debió tener otro objeto (luo f iel de marcar las horas golpeando con el mazo en la ciuui) ana, posee, sin embargo, su leyenda ó leyendas con- espondientes ni más ni menos que el Calendura (le Klclic y el reromato dé Zamora. Cuéntase que allá en los tiempos de Maricastaña liabía en Burgos un noble caballero tan aficionado á las faldas, que n (j fiándose demasiado de su riqueza y de sus prendas personales M i S f para dar satisfactorio remate á sus empresas amorosas, liizo pacto con el demonio, que en aquella época andaba siempre muy atareado en la celebración de estos contratos de compra- venta, comprometiéndose á entregarle el abna cuando llesrara el caso, á condición de que le ayudara en sus pecaminosos caprichos. Y mire usted por dónde de quien vino á enamorarse furiosamente el caballero fué, como suele acontecer con lamentable frecuencia, de quien menos lo merecía. Porque la dama de sus pensamientos, según las crónicas, no era verdaderamente dama más que en el nombre, pues su virtud andaba en lenguas y al parecer no sm fundamento. o xEl galán, con objeto sin duda de sujetar el voluble ponsandento de su ídolo, que revoloteaba por lo visto mas de la cuenta, encargó al diablo un juguete ó divertimiento tan maravilloso que distrajera constantemente á la dama; y al diablo, con todo su poder, no se le ocurrió cosa mejor que aquel autómata, que se movía v daba gritos cada vez que el reloj señalaba una hora. Sencilla y al parecer inocente la endemoniada invención, atrajo inmediatamente la curiosidad públicas y en poco tiempo adquirió tal fama, que de lejanas tierras acudía la gente á escuchar embobada el estridente chillido y a admirarse con los golpes del mazo, y tan lo prisa se extendió la levenda de su maldito origen, que enterado del caso San Isidoro, arzobispo de Sevilla, se crevó obligado á intervenir para apartar á las candorosas ovejas del peligroso contagio. Efectivamente, a fuerza de oraciones y exorcismos, consiguió rescatar el alma del caballero, quien, burlando con el arrepentimiento y la penitencia al enemigo, que ya creía segura la victoria, abandonó para siempre á la dama enredadora y caprichosilla, y recobrando el muñeco, lo hizo trasladar á la catedral, para que en tan santo lugar se borrara su diabólico origen. Dícese también que el Papamoscas no es obra de Satanás, sino de Dios, que como castigo á un mal cristiano, venerable antecesor de los sietemesinos que hacen cola á la puerta de Las Calatravas, que iba á la iglesia n o a rezar, sino á hacer señas y guiños á una dama de qui- en estaba prendado, le convirtió de pronto en semejante mamarracho, para que con sus gestos y muecas sirviera de objeto de burla á las gentes. Como. se ve, las mujeres y el amor juegan papel importantísimo en ambas leyendas, y no menor en la m á s interesante y novelesca, que es la si. guiente; ú T