Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
CUENTO ANDALUZ Entre. los más entusiastas adoradores de Baco, de justa fama gozaba hace uua docena de años en Jerez el maestro Sánchez, desbravador de caballos. En vano su pobre cónj uge, después de tres lustros largos de matrimonio, sufriendo los estragos de los tragos, el tiempo perdió en sermones, mimos, consejos y halagos, para decidirse al fin por el sistema contrario, de imprecaciones, insultos, amenazas y arañazos. Todo en balde; el maestro Sánchez, sin: abandonar sus hábitos, en cuánto ganaba un duro ya estaba en sxi tabernáculo pidiendo cepitas, hasta gastar el último ochavo. Llegó á su casa una tarde e n t a n deplorable estado de embriaguez, que ya la esposa, dispuesta á dar un escándalo, se asomó al balcón colérica, y demudada y bufando gritó: ¡Sinvergüenza, pillo! Esta casa se ha cerrao ya siempre jamás pa ti; hoy vas á dormir al raso, y aunque te mueras ahí mismo no abriré la puerta. ¡Largo! Ante tal recibimiento quedóse nuestro hombre estático, y haciendo etcétera s y eses, y diciendo por lo bajo voy á establecerme solo tomó rumbo. hacia otro barrio. Llegó en él á cierta casa de vecindad, preguntando por la casera, la cual, al recibir con agrado y sonriente la propuesta de arrendamiento de un cuarto. en tono semi- burlón, -Tenemos desalquilado el número seis, le dijo, y puedo proporcionárselo; pero es martes, y no sé si le convendrá á usté el trato. ¿Cuál? -E s martes, y el faro le toca al seis; por lo tanto, le tocará á usté. -Comadre de mi arma, pues too arreglao, y bendita sea la estrella que hasta su casa me trajo. Conviene advertir aquí, que es costumbre desde antaño en la región andaluza y en las casas de que hablamos, que u n vecino cada día turne en la limpieza y gasto del monumental farol que alumbra escalera y patio. Esto fué lo convenido; pero ¡oh fatal desengaño! llegó la, lóbrega noche, y convertida en u n antro por la obscuridad la casa, los vecinos que empezaron á entrar y salir á tientas, se caen ó; se. dan porrazos, tropiezan unos con otros, comienza el vocabulario de las frases pintorescas, y á la vez todos gritando sin atender á razones que da la casera en alto, fué marimorena tal la que alborotó el cotarro, que, á no intervenir serenos, guardias y hasta el delegado, por la falta del farol, entre aquellos ciudadanos muy bien hubiera podido ocurrir un lance trágico. Cuando después de dos horas se apaciguaban los ánimos y empezaban sobre el robo del farol los comentarios, con la más fenomenal mona que cogió cristiano apareció el maestro Sáncnez dando traspiés en el patio. i Ay Dios! ¡Quién pintar pudiera en momento t a n aciago la desesperada furia y los efectos satánicos que produjo en la casera la presencia del borracho! ¡So ladrón! -fué lo primero que dijo tartamudeando. ¿Y el faro? ¿Cómo éí faro? -El faro que usté ha robao, -dijo u n vecino. -Señores- -contestó el maestro, despacio, que aunque tenga cuatro copas demás, sé lo que m e hago. ¿Y el faro? -gritó de nuevo la casera amenazando. ¿El faro? ¿Pus no me dijo usté que me había tocao? -Sí, señó. -Pues eso es. Entre ustés tóos lo rifaron y me tocó á mí. ¡Tunante! Pero ¿qué h a hecho iisté? -Empeñarlo. Entre compra aceite ó vino, vecinos, sean ustés francos, y entre el faro y yo, ¿quién es el que debe está alumbrao? Refiriendo este suceso tal como lo h e relatado, agregaba el maestro Sánchez: -Lo que de veras declaro es que salí aquella noche der conflito por milagro. J A V I E R DE BURGOS DlnUJO DE HUERTAS