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-Allá va: A la ju 6! I 1 juí porque i el amor cej y quédeme ¡Ujujuj! I Y terminó asi Tanasio: con un relincho. Mientras tanto, el tío Gorio Tendales reflexionaba ac i i decía mentalmente: -La mi Quica hace una boa que, mal comparau, ni ui i I, novio es u n desdichau, dicho sea sin agraviar á naide ni i i i ja, ni sabe guiar un carro de güeys, ni cortar leña, ni ná; -i i i i- 1 pia y u n pie de ganau de hasta cinco cabezas del vacuno 1. i ta ovejas del lanar en la corte, amén de tierras y praus pi i dos guarros muy gordos en la cochinera y u: i miajuc 1 El tío Percebes lia ofreció el oro y el moro pa los muchachos, y yo no quiero que la mi hijuca vaiga desnúa, pa evitar mormuraciones y fantesias en él pueblo, que hav muchas envidiosas y deslenguás, y á mí naide m e gana á desprendió. Cuando llegó Quica á casa llamó el tío Gorio á consejo de familia á las dos mujeres y las comunicó aquello que le andaba por el magín, cosa que ellas encontraron muy puesto en razón, porque la verdad era que la chica estaba tan mal de ropa, que no tenia qué ponerse para ir á la iglesia á recibir las bendiciones nucialess. De acuerdo, pues, con su hija y su mujer, sacó el tío Gorio de la cuadra á la Garvosa, una de las dos vacas que poseía, y arreándola en unión de la terneruca, tomó el camino de la villa el primer día de feria mensual- y allá se fué decidido á vender vaca y cría para emplear los treinta duros que calculaba le darían por ellas en camisas, si no de fina holanda, de recio algodón; sayas de percal; un vestido de merino; un chai de flores y algunos pañuelos de hierbas, amén de un p a r de recios borceguíes y otro de albarcas nuevas, todo lo cual había de constituir el eqiiipo de novia, aparte de la flor de azahar, que podía sustituirse, si no se encontraba con unos manojitos de perejil, y asi irla más emperejilada la robusta doncella. ¡Y qué suerte tuvo el tío Tendales aquel día! Ko hizo más que llegar á la feria, y un indiano le dio por los animales, s m regatear, los cuarenta y dos duros que le pidió de primera intención, con ánimo de rebajar hasta los treinta que él había calculado que como m á x i m u m le darían. Provisto ya de su dinero, se dispuso á dar principio á la compra, pero antes había que celebrar la buena suerte con un p a r de tragos de lo de la Nava. Los dos tragos se convirtieron en cuatro v luego en ocho gracias á un par de mozos de pantalón estrecho, cara larga y paliducha, boina muy echada sobre la ceja v pelo muy atusado en las sienes, los cuales habían entrado en pos de él en la taberna, después de haber presenciado la venta de los animales. El vino le desató la lengua al tío Gorio, y como aquellos mozos, procedentes de Dios sabe dónde, pero que habían ido de la ciudad, le dieron la enhorabuena por el negocio que había realizado, aunque bien lo merecían la vaca y la cría, que eran de excelente calidad, como asi lo había comprendido el indiano al no regatear ni una peseta, le fueron simpáticos al hombre, les refirió de pe á pa la causa de su viaje á la villa con todos sus pormenores, y allí se estuvieron los tres copa va y copa viene, y charla que te charla, sin acordarse el tío Gorio de comprar las camisas, los borceguíes y las albarcas para la novia. ¿De modo que usted es el padre de la Quica? -le preguntó uno de los muchachos. -Pa servir á Dios y á la compañía. ¡Vaya una hija que tiene usted, buen amigo! No la hay más guapa en todo el mapamundi. ¿Pero ustés la conocen? ¡Anda, anda, que si la conocemos! Y al tonto de Tanasio también. ¿Pos en dónde les han conoció ustedes? -Les hemos visto retrataos en un cinematógrafo. ¿Y eso qué es? -Un aparato que sirve para ver á las personas aunque estén muy lejos. -Vamos, cosas que inventa el demonio, que tién réspid. A media tarde cayó el hombre en la cuenta de lo que se había entretenido, y exclamó: