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CUENTO MONTAÑÉS A tres leguas de distancia de una modesta villa montañesa, embellecida poco há con al. annas casas de buen aspecto, edificadas en medio de I y frondosas posesiones por unos cuantos naturales del país, á quienes llaman s- por haber vuelto de Cuba con fortunas allí adquiridas á fuerza de privaciones E iK? iíe 11 os, so esconde un pintoresco lugar en el fondo de alegre v delicioso valle que i- umca con aquella población por medio de una estrecha v tortuosa vía traíisitable para carros, la cual cruza una empinada y áspera sierra, en la que sólo algún que otro roble raquítico rompe la monotonía de la pelada superficie. -v v u Vivía en el precitado lugar con 4 a su mujeruca y una hija, ya casadera, único fruto de su matrimonio el tío Grorio Tendales, hombre de m á s que re. gular estatura, de flaca complexión, de pómulos salientes y de niernas que no guardaban proporción por lo largas, con el resto de su persona. Esto en cuanto á lo físico que eii lo moral era bastante corto de inteligencia, aunque honrado á carta cabal en medio de su probeza V enemio- o de nacer daño a naide como él decía. Hallábase el tío Gorio el día de autos que no cabía en el pelle, io le pura satisfacción, porque el tío J u a n Percebes, su convecino, le había pedido la mano de da su Quica paraXanasio, el más pulido de los hiios de aquél Quica era una moza colorada, mofletuda, de pelo áspero y lacio, recia en el traba, io corporal, que lo mismo uncía los giuiys y se bajaba del monte un carro de rozo, que subía á una cajiga, hacíia en mano para caro- ar u n carro de lena, como lo mismo pasaba un día entero al sol de Julio resallando las mieses que otro día al sol de Agosto tumbando hierba con el dalle. Tanasio, el chico del tío Juan, y novio de la Quica, era alto, pero flacuco, de pelo erizado como las púas del puercoespm, y con señales en el lado izíjuierdo del pescuezo, que él procuraba ocultar cuanto podía con ef cuello de la camisa y la bufanda, de haber padecido de escTÓfulas. Al contrario de Quica, Tanasio era un hob azán de siete suelas y pico, por lo que le solían llamar en el pueblo Tanasio Galvana Dos días antes de la ceremonia de peti Íón de la mano, tuvieron los dos novios, como de costumbre su rato de palique en la fuente, situada á unos doscientos metros del pueblo. Algo gordo había pasado entre ellos al sorprenderles nosotros sigilosamente en el punto de la cita noroue decía Tanasio con una mano puesta en la mejilla derecha: i M. ¡Recontra, Quica, tiés la mano muy pesa! -Pa que tengas las tuyas quietucas y no m atoques. ¡Anda! ¿Pos no m estáis dijendo tóos los días que soy un vago porque siempre m estoy con las nianos paras. ¡Miá tú qué salía! Porque no trabajas. -P o s y a verás cuando mos casemos cómo trabaju m á s que tú. ¡Quiá! íío tiés tú riañus pa el trabaju como yo En cuanti cine des cuatru golpis con el dalle en el nr- m ati cuenta que s acabó Tanasio. f -Esu lo veremus, y prontu, porque m a ñ a n a si Dios qnier, ú pasan, va mi padre á arre dar el easoriu con el tuyo. -Güenu; pos que de salú nos sirva. ¿Y no me das u n abrazuco muy apretau á cuenta? -Ati palla, Tanasio, que diz el siñor cura que del plato á la boca se cai la sopa v tanimientras que vo no tenga la sopa en el buche, no te doy ni siquiá u n sospiro. ¡Pos m e tiés que dar el abrazuco, recontra! -Arrímate, y te doy otra manguzá que te hincho el morru. -Vaya, güenu; no te inrites, Quica, que tendré paceneia hasta que mos echen las bindieiones- -Ayúdame ahora a poner la herrá en la cabeza y vámunos pa casa, que es tarde. ¡Izal- ¡Cómo pesa la condena! Ea; ya estás servía, Quicuca. -Pos vamus andando y echa una copla.