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EN HONOR DEL BESUGO Encuentro muy justificado que se llama duTo la mo neda de cinco pesetas, porque idemoniol es difícil de conseguir- ¡duro! ello mismo lo dice, -y que á los cobradores del tranvía del barrio de Salamanca los echen floresi los viajeros cuando al cobrar hay quien les llama Sol y quién Cibeles; pero que digan que los besugos tienen agallas, cuando sin la menor protesta se dejan pescar y son humildes y sencillos, no lo comprendo, ni muchas veces doy con la razón de por qué se escaman los besugos después de muertos, cuando no se escaman de vivos, á pesar de que todos los años les sucede lo propio. Pero, en fin, con distingos ó sin ellos, el besugo es la actualidad; en muchas otras ocasiones también lo ha sido y lo es, porque fde cuántos besugos no sé han ocupado los periódicos antes y después de la tradicional Nochebuena! Besugos en la acepción modernista sOn todos aquellos que presumiendo de algo, ora en las ciencias, en las artes, pí que lambién en la vaga y amena literatura, no justifican el nombre, ni en algunos casos el apellido. Befugcsl ¡Así, en tono despreciativo, confundiéndolos con un tan sabroso y rico pescado, delirio de los gastrcnomos é indispensable é insustituible plato de Navidad I ¿Por qué se ha de molestar al besugo con odiosas comparaciones, cuando cumple adairablemente su misión en el mundo? ¿Hay nada en estos días más solicitado ni más querido? Hasta en esto hay una notable diferencia de los otros besugos, de los de carne y hueso: después de muertos, nadie se acuerda de ellos; pero los verdaderos, los del ojo claro, después de muertos es cuando mayores pruebas de simpatías reciben y son más disputados. No hay más que ver la interminable cola de parroquianas que se forma en todas las pescaderías, que no van más que por él, única y exclusivamente por sus hechuras. Y unas le toman en brazos para ver lo que pesa, otras le huelen para ver si está fresco, quién le pone reparos al ojo, quién lo encuentra caro; lo cierto es que hasta que el besugo sale á la mesa para satisfacer el apetito de los que le esperan, tiene que pasar por una carga de pruebas. En estos días sobre todo no hay quien pueda competir con él, y así como la humanidad premió con u i a estatua al gran Parmentier por su descubrimiento de la patata, no estaría de más hacer una niinücioea invj tigación, ahora que tenemos varios periódicos ilustrados encargados exclusivamente de averiguar cosas a isteriosas, para descubrir quién fué el primero que encontró en el besugo tan exquisitas propiedades y esciibir su nombre en la historia de los conocimientos útiles. El besugo ha venido, como sei decía en la prensa antigua, á llenar un verdadero vacío en los desocupados estómagos de sus admiradores. Además, no se puede negar que disfruta de popularidad; tanto, que ha llegado á figurar entre los dichos del pueblo. Cuando recelamos de alguien, decimos haciendo un gesto significativo: ¡Te veo, besugol cota que no decimos de ningún otro pescado; luego el besugo es indiscutiblemente el que figura á la cabeza, el rey de las aguas. Y terminemos aclamándole con un viva de ordenanza; Viva el besugo nacional! LUIS G A B A L D Ó N DIBUJOS DE HUERTAS