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r Loonmei Entre los muchos manjares que constituyen el alimento obligado durante los días de Navidad, el pavo ocupa el sitio preferente. Mesa en que no aparezca la noche del 24 de Diciembre no puede considerarse bien servida, aun cuando los paladares delicados confiesen no encontrar en él los poderosos atractivos á que debiera atribuirse el haberlo consagrado la costumbre. Son muchos los que, pensando así, no lo prueban, pero son pocos los que al reunir en torno de la mesa á sus allegados para la cena de Navidad, prescindan de él. A este efecto es posible que contribuya más poderosamente la estética que la gastronomía, porque, en efec to, como plato d e c o r a t i v o hay que convenir en que ninguno otro ofrece el aspecto apetitoso del pavo doradito y grasiento, cuyo buche relleno de trufas destaca del verde claro de las hojas de lechuga con que se le rodea para su adorno. La gente de menos posibles renuncia al pavo y se contenta con manjares menos suculentos; pero como la cena carecería de carácter si en ella no hubiese algún bocado extraordinario, apela al turrón, que lo hay de todos los precios y para todos los gustos, desde el de cielo hasta el de cal y canto. El de confitería va á aumentar la serie de postres de las mesas ricas; el de los puestos que los alicantinos e s t a b l e c e n en portales y comercios durante esta época, va á esas otras que se distinguen más por el buen gusto que por el dinero; y el de las barracas de la Plaza Mayor á las casas pobres, en las que el más duro ea el que más gusta. Para los que ni aun este lujo pueden permitirse, queda algo más económico y también muy típico de las- Navidades: lo que la gente llama cascajo, y que no es otra cosa que piñones, avellanas y nueces, con lo que por un real se llena un pañuelo y hay distracción para toda la noche entre partir, mondar y comer. Simbolizando: como o c u r r e en todo, hay tres distintas clases de manjares correspondientes á las tres distintas condiciones de la sociedad: el pavo para la aristocracia, el turrón para la clase media, y el cascajo para el pueblo. Aun cuando suele ocurrir que la primera de las clases disfruta de todo, la segunda de algo más de lo que le pertenece, y únicamente la tercera tiene que conformarse con lo suyo. Con el cascajo que le dejan, si se lo dejan. E. CONTEEEAS Fotograjias Asenjo