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-r. U EL PASTOR DEL TONEL presta visos tan reales el musgo artificial, hábilmente mezclado con el ramaje; con rústicas casitas de cartón de un solo piso, una sola puerta y una sola ventana; con sus riachuelos de espejos y sus puentes de troncos, su Jerusalén en lo alto entre la muralla, y por límite los picudos montes pintados de azul por la falda, de blanco por la cumbre y salpicados de talco para que simulen mejor la nieve; y saliendo de entre los montes, la gran estrella con su larga cola que ha de servir de guía á los Reyes Magos. Y ante las casas y por las cuestas, figuras de pastores y pastora que llevan al portal sus presentes: las tortas, las gallinas; y á la orüla del río las lavanderas, y bajo un árbol el grupo de viejeciltos calentándose á la llama de la lefia mientras el rebaño que guardan trisca por las alturas. Aun sin salirse de esto cabe llegar á lo indecible de gusto y propiedad: díganlo si no esos artísticos nacimientos que se ponen en las casas ricas, páralos que se encarga la construcción de las figuras á los artistas más famosos. Épocas ha habido en que para los escultores constituía este trabajo una base de la fortuna, y aún se conservan ejemplares preciosos de estas obras de arte pertenecientes á otro tiempo de mayor entusiasmo. Pero en el concepto infantil, una escrupulosa propiedad háceles perder el carácter; es preciso que estas figuras sean de tosco barro para que parezcan propias del Nacimiento. Montes de papel de estraza, peñas de corcho, casas de cartón y ríos de cristal, no armonizan con figuras escultóricas artísticamente modeladas. Son preferibles, para que el rústico Nacimiento conserve su carácter, esos pastores cuyos pies no descansan en la peana, sino en los alambres que á ellas los aseguran, alambres que llevan también clavados en el cráneo á fin de que sujeten el sombrero, y gracias á los cuales pueden llevar sobre los hombros ó á la cadera el presente qué han de ofrecer, pues sin duda en aquellos tiempos no existía la fea costumbre de coger las cosas con las manos, como parece indispensable en esta época de prosaísmos. Y si se prescindiera de los colores más brillantes para su indumentaria, tampoco estaría de acuerdo con el gusto infantil, que prefiere aquellas figuras que llevan la zamarra azul, el chaleco amarillo, el pantalón rojo y la faja verde, y desaira á las que no ostentan esta brillantez de colores verdaderamente deslumbradora. La industria, en su aspecto más tosco, es la que está hoy generalizada, y prueba de su auge es el hecho de que á ella se consagran y de ella viven multitud de personas. También actualmente se fabrican figuras verdaderamente preciosas; lo que ocurre es que los precios elevados á que se venden, las colocan fuera del alcance de la generalidad. Porque hasta en el barro hay clases. Y si de barro somos los que andamos por este mundo y hemos establecido jerarquías, ¿por qué no han de existir entre las figuras de barro del Belén? Y existen, en efecto; y las más ricas, con arreglo á sa condición, van á las casas de los pudientes, mientras las ordinarias, en armonía con su humildad, van á los hogares pobres. Pero en compensación, quizá en éstos sean recibidas y tratadas con mayor cariño. E. CONTEERAS Y CAMARGO EL ZAOAL DE LA FRUTA LA PASTORA DE LA FRESA EL ZAGAL DE LAS OVEJAS LA TÍA GILA