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Un día deapuéá del lance, nuestro D. Antonio se dirigió á la casa de una de s u s v í c t i m a s hombre político de alto rango. ¿El sefior Fulano de Tal? -Aquí vive, respondió el criado de la puerta. Pero hoy no recibe sino á las personas de su amistad íntima Y me parece que el sefior no es de ellas. A lo menos yo no lo conozco ni le he visto frecuentar la casa. Perdóneme usted. -Efectivamente, vengo por primera vez. Pero pásele usted esa tarjeta; espero que me recibirá cuando la vea. El criado miró primeramente la tarjeta y luego á D. Antonio, y exclamó con tonillo especial: ¡Ahí ¿es usted? Y llamando á otro sirviente, le dio el encargo de avisar al amo de la casa. D. Antonio sintió cierta vanidad viendo que su nombre no era desconocido para el criado. Después de algunos c u c h i c h e o s y movimiento que le extrañaron, D. Antonio fué introducido en o t r a habitación interior. -Tenga la bondad de aguardar; el s e ñ o r tardará algo en salir, dijo el criado, el cual se quedó haciendo compañía al visitante, y sin quitarle la vista de encima. No estuvo demás la compañía, porque así le entretuvo durante! a espera, que fué larga. Al cabo de ella, aparecieron el dueño de la casa y detrás de él u n a p a r e j a de guardias de Seguridad pública. ¿Conque otra vez por mi casa? Se ha enamorado usted de mis paraguas. 5 Í 1- K. JT. -w -Precisamente vengo á explicarle... -No, no; y a lo explicará usted al Juzgado. -I Cómo I Soy don Antonio- Ya! ¿ea usted el mismo D. Antonio? iQué osadía! Y qué candidez! Amiguito, hasta para el oficio de ratero se ne cesita instrucción y lectura. ¿No ha leído usted este aviso de los periódicos, encargando la captura de quien se presente con tar jetasde ese señor? Y d i c h o esto, el dueño de la casa desapareció mientras los guardias asieron áD. Antonio, empuj á n d o l o h a c i a la puerta. No le valieron prot e s t a s ni resistencias. D. Antonio fué conducido públicamente como un criminal á la Delegación de vigilancia. Pasó allí tres horas de encierro, hasta que se le tomó dec l a r a c i ó n y otras tres en los sótanos del Gobierno civil, hasta que pudo identificar su verdadera personalidad. Y furioso, asendereado y hambriento, volvió de madrugada á su casa, donde supo que le habían hurtado de ella un hermoso bastón por e l m i s m o procedimiento de la tarjeta de un amigo suyo. Era victimada sus p r o p i a s precauciones. Por el aviso publicado en los periódicos, fué preso. Y por el aviso, los ladrones se enteraron de que las tarjetas de D. Antonio no servían ya, y estamp a r o n o t r a s con nombre diferente. E. SELLES D e l a R A. K. DIBUJOS DE M. BRINCA