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EL TIMO DE LA TARJETA Si Monipodio resucitara, se regocijaría viendo la prodigiosa multiplicación de su linaje, y aun tomarla por patraña la decadencia de la raza española mirando el progreso del oficio que él enseñó con arte y ejerció con provecho. La hampa de sus gloriosos días no alcanzó el grado de ingenio y perfección adonde ha llegado la de estas horas que cuatro maldicientes llaman vergonzosas y menguadas. Entre los adelantos de tal industria, hay uno que merece mención casi honorífica por la cultura y urbanidad de su procedimiento. Nada más lejos del atropello brutal de los salteadores, que, trabuco á la cara, detenían la silla de postas en el camino real; ni del ladrón nocturno que descerraja la puerta y maniata al robado; ni del andarín, que, cargado con la prenda, corre y corre hasta ponerse en salvo con media vara de lengua fuera. El nuevo arte no se puede cultivar en montes, encrucijadas ni despoblados, ni con fuerzas, violencias y sustos. Al contrario; necesita la tranquilidad de las grandes poblaciones y las suaves costumbres y formas del buen trato social. El robado recibe en su presencia al ladrón, le habla con cortesía, le ofrece su casa y le despide hasta la puerta. Es la refinatión del hurto: la alta comedia de la estafa. Personaje: un notable, una figura de la que llamamos gente conocida en los círculos madrileños. Lugar de la acción: el despacho de un ministerio, donde el protagonista traza sus planes políticos, si es hombre público; ó el bufete donde estudia sns pleitos, si es abogado; ó el gabinete de trabajo donde escribe, si es literato; ó el salón de fumar, donde charla con amigos y comensales, si es hombre de mundo. Un criado le presenta una carta ó tarjeta respaldada, diciendo así; Querido amigo; Sabe que siempre estoy á sus órdenes, y no necesita usted anunciarme su visita. Pagado un rato el criado trae otra misiva. iMi buen amigo: ¿Cuándo ha necesitado usted pedirme hora para verme? A cualquiera del día le recibe con gusto su afectísimo Media hora después llega otro mensaje. cCaro colega: Puesto que usted no puede venir, me apresuraré á ir á su casa para saber en qué puedo servirle. Y así sucesivamente el personaje recibe diez ó doce cartas de texto semejantes, que parece contestación á otras que él ha escrito. Y dice al leer la primera: -No recuerdo haberle escrito. Pero, en fin, él me lo recordará. Y exclama al leer la segunda; -Será una equivocación. Las siguientes le ponen en cuidado, y las últimas le hacen creer que es objeto de una burla de algún amigo jovial. i Cuadro segundo en el orden de la narración, y primero en el orden cronológico. Personajes; Varios señores respetables, amigos ó colegas del literato, el político ó el abogado. Lugar de la acción: La casa de cualquiera de ellos. Un criado abre la puerta; ¿El señor de Tal? -Aquí vive: pero está acostado todavía. -No importa; no necesito verlo personalmente. Basta con que le pase usted esta tarjeta de su amigo don Fulano. El criado desaparece con la tarjeta, y el visitante queda solo en el vestíbulo. Su negocio está hecho ya. Aguarda la contestación á pie firme y con valor, ó no tiene el suficiente para aguardar y toma la puerta