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IMPKESIONES DE PAEÍS ¡A faire des acJiafs! La pizpireta moza de veinte Mayos- -no digo Abriles, porque floridos no ios hay en París; -la señora, envueltita en carnes, que llegó ay! á los treinta afios; la ajamonada de treinta y cinco; la respetable matrona de cuarenta, hábilmente aforrada en corsé repartidor de exuberancias; todas os dirán, de dos á tres de la tarde, que van a faire des achats... Van, si, á Ja colmena, que es el almacén. Las tiendas de lujo les envían prospectos. El lunes habrá exposición de tales tejidos; el martes, de tales otros; el sábado, por ejemplo, halará un saldo, que será una verdadera ocasión Y allá van todas zumbando como abejas. La entrada es un asalto, la salida es otro asalto, y el interior del almacén es una ojeada enorme y un zumbido ensordecedor. Centenares de mujeres van de aquí para allá tragándose con la vista montones de telas, palpándolas con febriles manos, cogiéndolas, dejándolas, volviéndolas á coger, acariciándolas con el espíritu, aspirándolas como si fuesen ramos de flores; y crúzanse miradas alegres, miradas celosas, miradas iracundas, miradas despreciativas, un centelleo de luminarias sobre cascadas de telas, cascadas azules, verdee, amarillas, rojas, cascadas negras, cascadas blancas, un Niágara de hilos, algodones y sedas que cabrillea bajo el crudo resplandor d lámparas muy pálidas, que parpadean la tristeza de las mariposillas de luz cuando alumbran el lecho de un enfermo... Es un torbellino, un vértigo de corpinos, dé pieles, de guantes, de faldas, de cuellos, de cintájos, de pedrerías, de bajos, de cuanto el hombre creó para adorno de la mujer; es un vapor de sedas, muselinas y encajes, en cuya ducha se tranquiliza el histerismo del froufrou. El Krüger de la parisiense es el almacén. Sa Transvaal tiene varios pisos, á los que sube impávida, ya en alas de ascensores, ya trepando por amplias escalinatas cuyas tormentosas revueltas son inexpugnables fortalezas de trapos y perifollos. El espíritu femenino jamás alcanzó allí una victoria decisiva, porque las falanjes de telas, como las de los soldados de Moltke, indefectiblemente se renuevan al caer de la tarde; pero obtiene gratos éxitos de amor propio en desigwal combate con la montaña de telas siempre erguida. La mujer impaciente, que pagó al contado, sale con los chirimbolos que compró en busca de un simón ó de un ómnibus. La que tiene calma para aguardar veinticuatro horas, toma número de caja para que al día siguiente le envíen á domicilio las compras que hizo. Todas, más ó menos compradoras, se dieron una ración de vista, y al volver á casa reflejan en sus pupilas el vértigo del almacén, los tornasoles de sus multicoloras cascadas de telas. A faire des achats Au bazar de la Chariié Maridos desolados fueron á los escombros deliamoso bazar en busca de los carbonizados palmitos de sus señoras, que al salir les dijeron que iban allí; y al volver, llorando la viudez, á sus casas, encontraron á sus mujercitas buenas y sanas. No habían ido al bazar. ¡Qué buena idea tuviste, a cfóre. ¡Cuántas que se despiden para faire des achats, no morirían en los almacenes si los derrumbase un terremoto como el de Caracas! LUIS B O N A F O Ü X París, 3 de Diciembre KffE DE EIVOLI