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-Entonse ná é lo dicho. Pero hay q u i e n los convensa Presisamente está ahí afuera Malaliendre, er sacristán, qne ha venío á traerme un cabo é vela b e n d e s í o Ehl señó Malaüendre, usté que tié er visio de escucharlo tó, ya habrá oído Pase y ponga orden en estos s e ñ o r e s que están mu arborotaos- -S a n t o s y güenos días ¿Qué es eso? ¿qué ocurre en esta zanta casa? -Ná; que, por mí, sacabó tó. Chóquela usté, señó Ohirivitas. -Aya va mi mano, señó Onrro. -Mu bien. Ahora, aquer de los oyentes que mejore cosa se traiga escritas en la pandera- ¿Qué, mi sielo? ¿Qué, mi vía? ¿Se c a s a r á u s t é con él? -iJe! ijel Aluego se sabrá, picarones. Er señó Curro por un lao y er tío Chi, rivitas por otro, recorrieron toa Seviya en b u s c a de una pandereta, y se les gorvía la boca agua pensando en la cara que al verla pondría Mari- Antonia. Y en cuanti que ayegó á Ecija er señó Curro, áspero que la noche estuviera bien entra, y aun cuando jasía caló, con una pandera escondía bajo un braso, pisando fiojito y mirando pa toas partes como si fuese á cometer un hurto, se coló en casa de Maláliendre, er sacristáa, er cual yevaba fama de jasé versos que caían perfectamente. Sí hubiese mirao á la vera, habría visto un hurto, también con capa, que se las guiyaba de ocurtia por entre las tinieblas. Al día siguiente se presentaron los dos en er cortijo, ca uno con una pandereta. -Se vastó á pone á baila de contenta en cuanti que conosca mi obra de arte, -dijo er señó Curro. ¡Condenao de hombre! Si traigo yo aquí ua trabajiyo de buten, -replicó er tío Ohirivitas. -A ver, á ver, tío Saliviya; á ver esa pandera- ¡Místela! -Misté la mía. ¡Qué esaborisión! ¡Pero si en las dos dise lo mismol... ¡Qué raresa! Tus ojiyos son dos soles que mi arma tienen tostá; tus cabeyos son la cuerda pa ajorcarme destina. -Cámara ¡esto ha sío güeno! Los dos hemos tenío la misma idea- -Los dos hemos sacao lo mismo de nuestra respeutiva cabesa- -Y er sacristán también. Como oyó que aquer de los presentes que trajese mejores cosas y él era uno de los presentes Eso es. ¡Jesú! Eso ha sío un milagro. ¿Cómo se resuerve este conflicto? -IY er premio era casarse con usté! -Yo creo que debo escoger ar sacristán. El ha sío er primero Y pa no agraviar á ustés ¡vaya! me quearé con sus panderas, como regalo de boda. Eso es, me queo con eyas. -Sí, y con nosotros. -Cámara, yo creo que deberíamos de desmayarnos. Argún tiempo después Mari- Antonia matrimonió con Malaliendre, recibiendo como orsequio der señó Curro y der tío Chirivitas una ruidosa cencerra. Y pa finar der cuento, hay que desir que un día que la mujé preguntó al marío de dónde había sacao unos versos tan retepreciosos, él, que había tomao unas copas de más, respondió: -Pus deunpapeliyo de un armenaqueque er sefió cura tenía corgao en la paré. JULIO VÍCTOR TOMBY DIBUJOS DE HUERTAS