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l JLB UK O U J L O U ¿Las conocen ustedes? Seguramente, porque todo Madrid sabe quiénes son. La madre y las tres hijas están siempre por esas calles hablando muy fuerte, riendo mucho, acompañadas de cuatro ó cinco jóvenes que van con ellas á torias partes. Viven de una modesta viudedad en un piso tercero del barrio de Arguelles, tercero encima de un bajo, un entresuelo, un primero, un principal A, un principal JB y un segundo; es decir, que habitan un séptimo piso. Cuando la S 9 ñora de Gaagua, que está bastante gruesa, acaba de subir los ciento treinta y seis escalones, resuella como una de vapor; pero el rótulo que dice niso tercero consuela mucho á los pulmones y á la vanidad de los inquilinos. Allí vive con sus tres hijas, Fe, Esperanza y Caridad, que m son precisamente tres virtudes, aunque nada pueda decirse en desdoro suyo; la menor de veinte años, y rayana en los treinta la mayor. La aspiración materna de encontrar esposos para las niñas va acentuándose más cada día y disimulándose menos, llegando á ser en ocasiones tan manifiesta, que los pretendientes huyen de aquellas redes tendidas con tan poco arte. Las de Guagua son casi pobres; pero no hay en Madrid personas que más se diviertan. Gomo su ocupación única es pasear y hacer visitas, el número de sus conocidos, como el de los tontos, es infinito, y no las falta nunca papeleta para las veladas del Ateneo, conferencias de círculos y sociedades, oficios de Semana Santa donde los celebran los caballeros de Calatrava ó de Santiago, toma de borla en el Paraninfo de la Universidad, fanerales por las víctimas de algún siniestro famoso, inauguración de exposiciones iadustriales ó artísticas, bailes en los círculos y demás fiestas de convite. Caando se muere un personaje, la oración f ánebre que le dedican las de Gaagua es la siguiente; ¡Magnífico entierrol No podemos faltar. Y en efecto, no faltau á ese ni á otro espectáculo cualquiera deles que se verifican al aire libre; en procesiones, revistas militares, llegada é marcha de tropas, manifestación política, iluminación, recepción palaciega ó apertura de Cortes, allí está la madre con sus tres hijas y sus respectivos pretendientes y otras cuatro ó cinco amigas de la misma estofa, riendo siempre, criticando á las que pasan y observando con el rabillo del ojo lo que vistea las señoras elegantes para imitarlo con pingos y flores y cintas, como quien hace la caricatura de un cuadro. Cuando los pretendientes de las niñas son personas bien acomodadas, y en este caso desisten pronto de sus pretensiones amorosas, la señora de Guagua es feliz, porque va al café ó á la horchatería, según la estación, y conforta el estómago desfallecido por las escaseces de su hogar, donde una criada, que cobra con atraso y dificultades su salario de dos duros al mes, no pasa de condimentar un cocido, patatas guisadas, judías ó lentejas. No se crea por eso que las de Guagua dejan de asistir á los teatros con alguna frecuencia. Siempre hay algún amigo autor ó artista ó empresario que las proporciona billetes de favor. La madre y sus tres hijas son siempre cuatro casos de tifus teatral.