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jha, actual situación parece un gallinero. Gomo todos los sil -velistas tenían fe ciega en D. Francisco, sus prohombros no dudaron en colocarse sobre los ojos de la realidad la vctida do la disciplina; de modo que doiída que loinaron posesión del gallinero ministerial, aco; modLiniIose on los más allos palos (léase puestos) no han hecho más que jugar n la r aU ¿na cie ia. Vii a la rjaliina. aunque sea ciega- -se habrán dicho, tira con f ¡a pepita. Sólo que cata. pepita resulta de oro, sin descuento, y no os un grano que le salo ú la gallina, sino una especie do grano que le salo al pais. Por eso Siivcla no merece que lo ensalce el poola diciéndole; ¡Bien haya quien nos trajo las gaUinas! Además, que las susodichas ministeriales no son dé ¡as más ponedoras, pues creo ¡ue nadie so admirará por las roí onnas de la enseñanza que ¡ÍÍ. VO García AlLx. después do estar cacareando un semestre, y ios presupucsios que acaba de poner AUendesalazar, Sí i ahí ir el pico hasta momentos antes do darles á luz, ó lo que sea El pico oso lo pagará el pais, que es siempre á quien le toca el pico. También creíamos que era un huevo comestible el que puso Dato, ó sea su traicU. sobro diputaciones y ayuntamientos, y ya ven ustedes si está darito de cocer. En cuanto á las demás gallinas, todavía no han puesto n: sda. Do modo que se trata do gallinas cluecas, debido sin duda á que en todo el gallinero silvelista no hay más que un gallo; el señor de Gallo Alcántara, vulgo Liniers. riordo, pues, el tiempo el país si va á buscar algo que valga la pena en el gallinero niinisierial. l ara que en él nada falte, el mismo que nos trajo las i allinas buscó uno que haga de pavo: D. Marcelo, el cual cumple su intoi- esante papel á maravilla, pues ¡asía tiene una perilla de moco de idcni, como diría íJontcs Sierra, el repre- sentante déla Cámara de Comercio de Córdoba, no Montes Sierra el general, que no representa nada, gracias á Romero. D. Marceloyoíte son role contoneándose y luciendo el buche entre las gallinas, que ahverle aparecer cacarearon á coro: Mira qué pavo, mira qué paeo, pía co ro so porcenir, Y ahí está sin meterse con nadie. Su única preocupación es la próxima Navidad; pero como logro escapar de esta A ochebuena, ya puedo considerarse pavo fehz. Y eso que las oposiciones le tienen echado el ojo, por lo orondo y lirondo que el bueno de D. Marcelo so encuentra, pues parece que materialmente está diciendo: contedme. puedo que so lo coman. Y Tal es la vida del gallinero ministerial, que se alborota por cualquier cosa, y niuy ospccialmente los polavlcjistas, ¡ue están en la mayoría ro no í a í i e i co vvi ajeno, y que al ver pasar á Azcárraga contoneándose por su lado, dicen para sus mollejas: trrirate, paco, que ya te pelarart. Pero cuando el alboroto llega á su colmo es cuando- aparece sobro las bardas del hemiciclo el pollo Homero. So arma tal algarabía, que do nada sirvo que salga Silve la á espantarle, porque no se espanta do nada, y á calmar los ánimos con salvado regenerador. Jjas gallinas ministeriales tiemblan; D. Marcelo le mira de reojo como diciendo: Qiitén serte ese pollof y el gallo Alcántara se escondo pensando en aquellos tiempos en que tenía plumas y escribía con ellas La b ilocalia. Mioutras- tanto el pollo lioraoro se ycrgue en la barda parlamentaria, suelta tres ó cuatro cacareos triunfales diciendo: Que estoy yo aquil y so vuelvo á su. corral salisfecho del efecto que ha producido en el del vecino Süveht. Y así so desliza la vida ministerial, levantándose los n. iinistros con el sol y acostándose kla iiora que se acuestan las ¡cdlinas. La política parece una Arcadia, digna do que Cavcstany so atreva un poquito más, y ya que luí hablado por boca de Calderón y de Quevcdo. hable por boca de Virgilio ó do Garcilaso, y ponga en labios del autor de La lineida una diatriva contra Silvela. Eso si antes la opinión no se cansa y da al traste con lodo el gallinero y se come osas gallinas ministeriales on el propio puchero de las elecciones. EL SASTRE DEL CAMPILLO