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r ATAVÍOS INVERNALES HNTEO de la artística variedad que caracteriza á la moda actual falta mucho que detallar; el programa no es completo, pero como las lineas generales se hallan trazadas, ateniéndonos á ellas aconsejaremos á nuestras amadas lectoras, siendo así que la esbeltez femenina sé impone sin ningún género de duda, que dediquen especial atención, para conseguirla, al corte exigido en los cuerpos. En esta ocasión, como en otras muchas, el arte corrige á la naturaleza; basta para conseguirlo cortar los cuerpos largos de talle en progresión, á partir de ambos costados, bajando un tanto más los delanteros de lo que se acostumbraran hasta ahora, aun á riesgo, como es natural, de que positivamente no sea tan delgada la cintura. Para el golpe de vista el conjunto, que es lo esencial, no importa, puesto que se consigue el efecto deseado. La moda además, en su vehemente deseo de que los atavíos invernales no perjudiquen á la esbeltez femenina, impone el pafio bastante grueso para los vestidos, con hechuras muy ceflidas, á fin de que destaque gallardamente la línea de la figura y se pueda prescindir en la, mayoría de los casos del abrigo, que reservarán las elegantes para los días más crudos del invierno; y cuando el tejido de los trajes no pueda ser muy confortable, se recurrirá á los forros de mucho abrigo para sustituirle, siendo el azul- húsar, el grisacero y el verde- aceituna los colores dominantes, particularmente en esos lindos paños de nueva creación de pelo largo y sedoso, en los que se prescindirá de los adornos de piel á causa de lo que alteran la suavidad del coiitorno, recurriendo en su lugar á bieses, trencillas y cenefas. Los trajes obscuros y negros, que son los más distinguidos, solicitarán de los adornos claros el efecto original y bello del contraste, lo mismo al tratarse de las sedas bordadas y rasos, que de las lanillas; lo propio recurriendo al suntuoso terciopelo que á las novísimas panas flexibles y de abrigo, que, sin perjuicio de la elegancia, serán el gran recurso de las damas que no disponen de cuantiosos capitales. Pueden considerarse también, á modo de novedad lindísima de la temporada, los atavíos de un color solo: vestido, abrigo, sombrero y sombrilla, capricho que no nos parece destinado á vulgarizarse, puesto que la gradación de matices en un solo color, si es bien entendida, lejos de ser llamativa, acusa una fantasía artística por todo extremo delicada y bella. Y puesto que, para colmo del capricho, el invierno se apresta á prohijaren los sombreros las graciosas formas usadas durante el verano, mencionaremos como modelo verdaderamente nuevo el denominado Duque de los Abrmzos, de fieltro finísimo, con adoraos de piel y alfiler figurando un termómetro; es airoso, es bello, y seguramente resultará simpático á nuestras damas, porque llega hasta ellas con todos los prestigios de la originalidad, y además amalgamado con el recuerdo de juveniles arrojos, que acaban de escribir una brillante página en la historia de la ciencia moderna. JOSEFINA PUJOL DE COLLADO I