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tp? s: f -I. jí B. r 7 l a IH EEINAS DE EáPASA PKIMERA ESPOSA DE CÁELOS 11 Firmada con Francia una paz que no f aé por cierto muy duradera; desterrada á Toledo la Beina madre dofia Mariana de Austria; alejado del reino Valenzuela, y duefio de la voluntad del desdichado Carlos I I D. Juan de Austria, quiso éste asegurar su valimiento eligiendo á su gusto la que había de ser esposa del Bey. De acuerdo con la corte de Luis XIV, con la que había entrado en relación con motivo del tratado de Nimega, se fijó en la joven princesa doña María Luisa de Borbón, primogénita del duque de Orleans, hermana del rey de Francia y de Enriqueta Ana de Inglaterra. Tenía la novia diecisiete años, y era de gentil figura, rostro agraciado, exquisita elegancia, y había sido cristiana y esmeradamente educada, todo lo cual hacía que en Madrid se acogiese con entusiasmo la boda, esperando que esposa de tan singulares atractivos librase para siempre al Bey de la tutela de su madrey de la influencia que sobre él ejercían los favoritos. Firmáronse los contratos matrimoniales en Fontainebleau el 30 de Agosto de 1679, y al día siguiente se celebraron los desposorios, representando al rey de España el príncipe de Conde, y desplegándose toda la magnificencia de la fastuosa corte de Luis XIV, que asistió á la ceremonia, acompañando constantemente á la novia, á la que regaló magníficas alhajas. El 3 de Noviembre llegó la Beina á la frontera, y allí la despidió su séquito francés, presidido por el príncipe de Hamur, que la entregó á la comitiva espa ola, á cuya cabeza iba el marqués de Astorga, y el 18 del mismo mes se celebró la primera entrevista de los dos esposos en Quintanapalla, á pocas leguas de la ciudad de Burgos. Eatificado en dicho lugar el casamiento por el Patriarca de las Indias, la Beina se retiró por unos días al monasterio de las Huelgas, y el 2 de Diciembre hicieron los dos esposos su entrada solemne en Madrid, instalándose en el palacio del Buen Eetiro. Se celebraron con grandes festejos estas bodas, y la Beina madre se apresuró á usar de la licencia de su hijo para venir á conquistar la voluntad de su nuera, cosa no difícil por la debilidad de carácter de ésta y por el deseo de agradar, que constituía su mayor anhelo. Se entregó por completo á la devocidn; confesaba y comulgaba en público dos veces por semana, y de su única distracción, que consistía en salir á paseo á caballo, se privó desde el día en que una de sus damas, joven de dieciséis años, hermana del marqués de Podar, pereció por haberse desbocado el corcel que montaba para acompañarla. Contribuyó poderosamente á la fundación del convento de Santa Teresa de esta corte; hizo que el Bey le colocase bajo su patronato, y le regaló una magnífica custodia. Cuentan que todo esto lo hacía la Beina para que Dios se dignase concederla un hijo que heredase la corona. Su infecundidad hacía desgraciada á la Beina, á cuyos oídos llegaban coplas como ésta que se cantaba por Madrid: Parid, bella Flor de lis. En aflicción tan extraña, si parís, parís á España; si no parís, á París. No logró el reino su deseo ni la Beina aquel gozo, y entregándose cada vez más á ejercicios de devoción, falleció el 12 de Febrero de 1689, antes de cumplir veintiocho años de edad. El Bey, que la mostró desvío poco después de su boda, consagró ferviente culto á su memoria, hasta el punto de que poco antes de morir bajó al panteón de El Escorial para hacerse enseñar su cadáver. Derramando copiosas lágrimas sobre aquellos tristes restos, cuentan que dijo: -Ella está en el cielo, y pronto estaré con ella, KASABAL DIBUJO D E BSTEVAN