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K: I XJOKT 5 KiNc FJLKLíe E n todas las estaciones del tra rcto d e Marsella á P a r í s las comisiones formadas por las autori l.i des y asociaciones, y el público ijiie llenaba los a n d e n e s aclamó ti animoso viajero, y en algunas en que el t r e n se detenía se vio tiiué! obligado á contestar con I r ases de gratitud á t a n reiteradas m a e s t r a s de entusiasmo. La llegada á P a r í s y la permanc ¡ncia en la ciudad h a sido una repetición de lo ocurrido en Marsella. E n la estación, en las calles, en el hotel, Krüger ha sido objeto del delirante entusiasmo del público, que en su afán de m o s t r a r su simpatía al Presidente y al noble pueblo que representa, lanzaba gritos ensordece lores y se aglomeraba en l a s c a lies donde podía ver á aquél. Muchas parisienses le h a n arroj a d o flores y han llenado de ellas el hotel en que vive. Las mues- tras de admiración, de simpatía, de entusiasmo, h a n sido incesantes. El mismo Krüger declara que la realidad h a superado á c n a n t o su o p t i m i s m o le h a b í a h e c h o imaginar. Todo, p u e s parece sonreiría, darle motivo p a r a esperar que su viaje sea fructuoso. No es posible pedir manifestaciones m á s delirantes y m á s unánimes, ni acogida m á s cariñosa. KEOGEE SALUDANDO DESDE EL BALCÓN DEL HOTEL SCRIBE JÍ LA MULTITUD QUE LO ACLAMA foingrojia de Mr. Griboyednff, rimitida por (I Si. Bonafoux (En todas las fotografías de esta información del viaje del presidente del Transvaal, está señalado con una K el lugar que ocupa el ilustre Krüger. OVACIONES DELIRANTES Y... R E F L E X I O N E S AMARGAS Krüger. -Si me volviese ahora al Transvaal, ¿cuántos de éstos me seguirían?