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EL PUENTE Por la canción monótona mecido do lluvia torrencial, quede dormido. Soñé que en una carta me decía con temblorosa letra en dos renglones; Gomo sólo en tu amor mi alma confía, te necesito, ven; no me abandones. Y partí en el expreso de aquel día. La máquina tugaz cortaba el viento; pero acosado yó por el tormento de la impaciencia, quise, delirante, en los flancos del monstruo jadeante las alas ingertar del pensamiento; y maldiciendo injusto su reposo pegué la frente al vidrio tembloroso en que marcaba el vendaval sus huellas, mientras, con labios por la fiebre enjutos, en alta voz contaba los minutos de aquella eterna noche sirt estrellas. Surgieron de improviso an! c mis ojos, allá en la obscuridad, vivas centollas; inquietas luces de fulgores rojos por manos invisibles agitadas Lilegaron hasta mi voces lanzadas por unas sombras de contorno humano DIBUJO DE REGIDOR que pasaban veloces El cercano peligro presintiendo, me preparé á morir... Luego, creciente y pavoroso estruendo de hierros al chocar, son estridente de frenos, de vapor consorcio impuro de plegarias y rudas maldiciones, ayes de espanto, cólera impotenlo, y dominando confusión horrible un solo grito alerrador; ¡El puente! Después... la sensación indefinible de la caída en el abismo obscuro el vértigo la vida que se acaba y Desperté angustiado: No cesaba de la lluvia el constante martilleo. El ensueño olvidé; mas el correo una carta me trajo que decía con temblorosa letra en dos renglones; Gomo sólo en tu amor mi alma confía, te necesito, vori; no me abandones. Y partí en el expreso do aquel día. RICARDO GIL