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UN de la vista qué padece, obligábale á llevar abierto el paraguas para librarse de los rayos del sol. Otras comisiones que aguardaban á Krüger saliéronle al encuentro, dándole la bienvenida y pronunciando entusiastas frases, á las cuales contestó el Presidente con un sentidísimo discurso de tonos sinceros que conmovió al auditorio, hasta hacerle prorrumpir en delirantes aclamaciones. í Después el Presidente subió al carruaje que le esperaba, y al que siguieron otros mu chos en que iban los comisionados, dirigiéndose al hotel Noailles rodeados por inmenso gentío que continuaba aplaudiendo y lanzando vivas. La policía, que cuidaba de guardar el orden en toda la carrera, tuvo que hacer inauditos esfuerzos para que el coche que condu cía á Krüger pudiera llegar á la puerta del hotel, y muchos más para que sus ANTIGUO COMBATIENTE entusiastas admiradoDEL T R A N S V A A L res, en su delirio de entusiasmo no aplastaran al viejo Presidente. Luego, cuando éste logró entrar en el hotel, pidió la multitud que saliera al balcón, lo que Krüger hizo, contestando visiblemente emocionado álos vítores que atronaban el espacio. Telegramas de todo el mundo, y D E S E 3 I B A R C 0 D E K R U G E R Y SU C O j n T n A presentes con que el pueblo marsellés quería significarle su incondicional adhesión, llenaban las habitaciones del hotel pocas horas después de la llegada de Krüger. Tras de algunos momentos de descanso comenzó á recibir el Presidente á las numerosas comisiones que solicitaron saludarle, tarea que dado lo avanzado de su salud, le fatigó tanto, qu tuvo que retirarse á descansar antes de las ocho de la noche. Hasta las nueve de la mañana del siguiente día, en que Krüger salió en el rápido con dirección á París, no cesaron de reci b i r s e telegramas de felicitación, ni se habló de otra cosa en Marsella X que de aquel acontecimiento. El público quiso 1- hacerle una despe Svy d i d a afectuosísima, y al efecto acudió á las inmediaciones de la esta S ción, que estaban materialmente llenas de gente mucho tiempo antes de la salida del I tren. Al llegar el ilustre viajero y al partir el convoy, las demostraciones de entusiasmo fueron calurosísimaSjhasta el puoto de ensordecer los vítores y los aplausos. n- LA M U L T I T U D ACLAMANDO AL P R E S I D E N T E K H Ü G E R AL D I R I G I R S E AL H O T E L K O A I L L E S Fotografió s León Bouet