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que las necesidades de la industria exigen mayor abundancia de pescado. Las embarcaciones que se usan para la pesca de traíña son muy ligeras y aguzadas por ambos extremos, á fin de que pue dan maniobrar con rapidez. Van tripuladas por diez ó doce hombres, y suelen ir en parejas, tanto para prestarse ayuda en el trabajo como para auxiliarse en momentos de apuro. La red de que se sirven los traineros queda al caer en el mar. y en virtud del cierre de jareta, en forma de cono. Los traineros rara vez permanecen más de cuatro ó cinco horas en el mar, y mucho más rara vez regresan sin carga, siempre que en el sitio donde se sitúen haya pesca y no se TJ vean precisados á perder el tiempo buscando banca. El cebo de que se sirven, llamado raha, es una mezcla de TENDIENDO LAS KEDES huevas de bacalao en salmuera y salvado. Variando solamente las operaciones de la pesca, según que se hagan por uno ó por otro de los sistemas indicados, en lo demás procédese lo mismo. Multitud de mujeres, entre las que se encuentran las de los pescadores, aguardan el regreso de las barcas con el cesto en que han de llevarse para proceder á su venta la porción que corresponde á cada tripulante en el producto conseguido. Cuando la venta de toda la carga se conviene con los fabricantes, sólo retira cada pescador una cesta de sardinas; pero de todas suertes, para repartir los benefi cios se supone dividida la carga en tantas partes Como hombres forman la tripulación, y de éstas corresponden tres á los patrones de las barcas. 0 na multitud de chiquillos gánanse la vida ayudando á descargar los botes, valiéndose de unos cestillos de su fabricación y propiedad, y su labor se recompensa con un cesto de sardinas. Esta costumbre evita que la miseria se generalice en las costas de la manera que suele estarlo en las poblaciones del interior. En los sitios en que existe asociación de pescadores, todo el producto va á parar, por convenio establecido entre ellos, al centro de contíatación, donde se justiprecia, se subdividen los pedidos con arreglo á la pesca obtenida, y se subasta, repartiendo el producto equitativamente. De la tripulación de cada lancha suele formar parte un muchacho, cuyo deber, además de ayudar en la pesca, es cuidar de la raba. El chico de la trainera tiene la obligación de llamar á los pescadores, para E S P E E A N D O L A PESCA lo cual recorre las calles en que viven, sirviendo de llamada el nombre del patrón. La limpieza de la barca y los aparejos constituyen un deber á que todos deben consagrarse antes de abandonar el barco para ir á descansar. Suele hacerse inmediatamente que se concluye la descarga, y una vez concluida la operación, quedan libres los pescadores. El cuadro que ofrece el puerto al arribo de las barcas de pesca es animadísimo. Si el mar está en calma y no hay zozobra por los hombres de á bordo, la alegría general se traduce en un vocerío ensordecedor con que los de tierra saludan é interrogan á los del mar. Si además de esto las barcas vienen llenas, llega la alegría á su colmo, porque aquella carga representa la vida, la felicidad de los pescadores. En un instante quedan vacíos todos los botes, y los peces de plata, vivos aún, pasan á los capachos, donde se agitan con las últimas convulsiones. Y en tanto que el grueso de la carga se lleva al mercado, las mujeres, con la cesta que en el reparto les ha correspondido, espárcense por la población pregonando su mercancía, que al menudeo se vende en un instante. Y todos los días lo mismo. Excepto los que dejan triste memoria porque la galerna ha sorprendido á los pescadores en el mar, y al arribo al puerto faltan algunos que ya no vuelven nunca. V E N D E D O R A AMBULANTE Voto 9. Barmlv Aunjo E. OONTREEAS Y OAMARGO