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íl I I m Eits- óigalos con la calma necesaria, y libre de pasión, fíjese en ellos. ¿Que su chico de usté tiene ya el grado con unos cuantos premios y se niega de un modo terminante á seguir la carrera de Derecho porque dice que ya no le hacen falta títulos académicos, ni la ciencia oficial ha sido nunca testimonio seguro del talento? Dígale usté á su chico que esas cosas son tan viejas, que todos las sabemos, y al comenzar la vida hemos pensado iíiual que él, sobre poco más ó menos. Me está escuchando, y aunque no me fijo, quizás una sonrisa de desprecio sirva de comentario á todo lo que á usté le estoy diciendo; pero si él se me burla con la audacia del que es joven y fía en sus esfuerzos, yo le pago en idéntica moneda con la experiencia del que ya es un viejo. jSi usté supiese, mi querido amigo, qué planes tan hermosos, qué proyectos al comenzar la vida literaria llevaba en las alforjas del cerebrol m r Pero ay, amigo mío! que después de pensar en todo aquello me encontré con que el mundo no es el mundo que forja cada cual en su cerebro, y al llegar el instante de la lucha, engaña el corazón y cede el nervio; todo lo más que al cabo se consigue es caer dignamente poro muerto! Yo también me reía de los libros de texto, y rindiendo tributo al arte solo, fui rebelde con otros elementos. Me decía á mí mismo lo que ahora su hijo de usté se debe estar diciendo: tOuando el hombre es artista, y en el alma lleva un caudal de nobles sentimientos, todas las realidades de la vida, con sus detalles tristes y groseros, como nubes de polvo se deshacen dejando ver la luz del pensamiento Yo seré un escritor; si la leyenda nos llama locos y nos dice necios, quizás yo le demuestre lo contrario y al fin de la jornada triunfe el genio! ¡Cuánta desilusión! ¡Cómo las cosas al mirarlas por fin que toman cuerpo le demuestran á usté palmariamente que ellas son grandes y que usté es pequeñol El público se burla tan tranquilo, duda usté de que tenga compañeros, y acaba por sentirse tan imbécil como otros muchos que parecen genios. Hace usté lo que todos, muy humilde, porque el hombre desciende del borrego, y aunque Darwin dijera lo contrario, es ese su abolengo Por eso le repito, amigo mío, que siga la carrera de Derecho, ya que usté en este caso solicita que le ilumine á usté con mis consejos. Para ser abogado y en el foro ganar algún dinero, no hay que ser Justiniano ni Licurgo, ni don Alfonso décimo; pero para vivir modestamente de novelas, de dramas ó de versos, me puede usté creer, querido amigo, llhay que ser Víctor Hugo por lo menos! FÉLIX LIMEN DO U X DIBUJO DE ESTEVAN