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aromas para ungir los cuerpos de los mártires antes de llevarlos á la sepultura, y en construir, para darles asilo, uno de aquellos hipogeos ó catacumbas, que eran á la vez cementerios é iglesias. Desde niña había consagrado á Cristo su doncellez, y no obstante, cuando trataron áus bodas con un patricio ilustre dé la gens Valeria- -un descendiente de Valerio Publicóla, -no se opuso Cecilia, probablemente aspirando á dos objetos: convertir á su esposo: y ser más libre y dueña de sus acciones para servir á Jesucristo. Vestida la flotante túnica; de lana blanca, símbolo de pureza; cubierto el rostro con el velo flameo, emblema del ru üiiü íK bor, Cecilia partió el pan, libó el vino y la leche, y al pisar la casa nupcial, recordando cuerpos, ív honesta y fuerte matrona esposa de Tarquino, respondió con dulce voz á la un ángel que ¡V pregunta ¿Quién eres? de Valeriano: Si Cayo eres tú, yo seré Gaya. acerca sus almas y Vj. siendo fácil averiguar por qué representan á Santa Cecilia tocando el desanuda sus brazos. Y Nij. órgano ó el clave, ni el motivo de que los músicos la hayan escogido por como V aleriano pregunte don N patrona, ya que en ningún documento histórico, ni en las Actas, se de está ese ángel, que no ve, la encuentra rastro de noticia acerca de este punto, se ha supuesvirgen contesta: Lo verás así que seas s jo que la música, una música ideal, resonó en su corazón puro. Sal de la ciudad por la vía Apia, si abrasado, á la hora del nupcial festín, cuando los cangue á los pobres, busca al santo viejo Urbano tos del epitalamio llenaban el aire. Otro himno lie- y oye sus enseñanzas. Urbano era el vicario del yaba ella en su alma, -dice un biógrafo. -Lo Papa El euterio. Valeriano obedece, es catequizado, ve cierto es que la página de mayor poesía en al ángel que le trae la corona de rosas y azucenas, y con vior la vida de Santa Cecilia e s a vida tan te á su hermano Tiburcio- -casi de su misma edad y niuy se poética, -es la de sus bodas. El o c ¿o mejante á él en la figura y en el corazón. -Poco después, la per 0 la ensalza tanto por la victoria secución despierta como una tigre; los dos hermanos se señalan por N. (jgj martirio como por la victoria su celo en recoger y dar sepultura á los cuerpos de los mártires, y la sobre los vínculos amorosos, codicia, más que el fanatismo, induce al magistrado Almaquio á apoderarse Estrofa de un poema divino de los clarísimos y someterles al suplicio, que ya entonces era, para los noparece el coloquio entre bles, la degollación. íío sorprendió á Cecilia el suceso. Contaba con él: sabía que los desposados, cuansu esposo la precedería en el triunfo, ensangrentando primero las rosas de la codo, solos ya, á la luz rona nupcial. A guisa del que se prepara á un viaje largo y decisivo, Cecilia redobló de la misteriosa su actividad; nunca se la había visto tan dedicada á exhortar, convertir, catequizar, enlámpara, la esterrar y dar limosnas á la vez. Hizo testamento, legando su casa y cuanto poseía á la K posa advierte Iglesia. La rapacidad del fisco, la hostilidad del poder contra los cristianos, se concertaron al e s p o s o entonces para desembarazarse de la respetada patricia. No se atrevieron, sin embargo, á que h a y arrastrarla al tribunal público; el degüello de Valeriano y Tiburcio había producido mal efecto; un ángel, Cecilia era popular, y se trató con ella de potencia á potencia, interrogándola á domicilio y sentenvigilanciándola á ser asfixiada en su propio caldarium ó sala de baño. Síntoma claro del cambio de la te enopinión y del incremento social del cristianismo. Nerón hubiese enviado á Cecilia al circo, si no la t re hubiese embreado y pegado fuego, en alguna de sus orgías. El género de muerte señalado para Cecilia BUS. era el que reservadamente solían padecer las emperatrices, como Octavia; castigo de ilustres personajes, que no Se quiere cause escándalo. Pero el horrible ardor de la estufa, el vapor exhalado por cien tubos de hierro, sólo prodnjo en Cecilia sudor ligero, refrigerante como un rocío, y entonces fué preciso que acudiese el verdugo, y que su brazo, tembloroso por el respeto y la piedad, descargase varios inciertos golpes, uno de los cuales abrió la hermosa garganta sin separar la cabeza. Tres días agonizó Cecilia, y tres días no se pudo impedir que el pueblo entrase á verla, á empapar lienzos en su generosa sangre, á oir sus exhortaciones, á comi: adecorse, á maldecir de los tií anos. La persecución estaba moralmente acabada 3 a. La conciencia popular la reprobó desde aquella hora. Cecilia, al expirar, dejaba á la Iglesia libre. En el siglo ix, el papa Pascual I, guiado por una aparición, descubrió el cuerpo de Santa Cecilia, escondido tiempos atrás para salvarlo de las profanaciones de los lombardos. Apareció con el suntuoso trajo verde todo orlado de cicladas de oro, que con refinamiento de alta dama descendiente de una estirpe do héroes sin duda se había revestido para vencer y morir. A sus pies, en vez de la clásica ampolla y la esponja, muchas tolas enrolladas é impregnadas de sangre atestiguaban la larga agonía. DIIJL JOS D E r. LANCO CORIS LáiglDiP