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SADA YACCO Nadie hubiera podido creer que en el Certamen Universal de 1900 se iba á exponer una actriz; que esta actriz fuera japonesa, y que iba á superar á todas las grandes estrellas europeas del Arte. Y, sin embargo, así ha sucedido. La inventora de la danza serpentina, Loie Fuller, vio hace un afío á Sada Yacco en San Francisco de California trabajando con una modesta compafiía japonesa, y la contrató para el teatro que con su nombre, es decir, con el de Loie FuUer, iba á levantar en la calle de París, de la Exposición. Se puede asegurar que la actriz japonesa entró en el público, como en España se dice, desde el primer momento. La gente empezó á ir á ese teatro para admirar á la Fuller; la compafiía japonesa era un accidente en el espectáculo; pero á las pocas representaciones Sada Yacco habla triunfado, y ella sola ha sido por espacio de ocho meses la verdadera atracción de su teatro y lo único que quedará de todo lo que se ha ejecutado en las veinte ó treinta salas de espectáculo de la célebre calle de París. La buena fama es una cosa que corre tanto como la calumnia, lo que prueba que la humanidad no es tan mala como suponen los pesimistas, y en cuanto el primer crítico que la descubrió dijo en las columnas de su periódico Ahiñay una actriz, todo París fué á comprobar la noticia Y en este todo París están Sarah Bernhardt, la Réjane, la Granier, Coquelin, y el primero de los trágicos franceses Mounet Sully. Sada Yacco es, con efecto, un verdadero prodigio. Hacer sentir á un píúblico cosmopolita, y hacerle sentir representando en un idioma del que ningún espectador entiende una sola sílaba, es un triunfo excepcional en la historia del arte dramático. El genio y la inspiración brillan en los ojos oblicuos de la actriz japonesa con tal esplendor, que muchas veces el auditorio, abandonando el libreto francés que explica el argumento, sigue la acción de la obra en los gestos de la protagonista, sobrios, expresivos, y de una justeza que sólo el arte más exquisito puede producir. Y cuando de tal ínodo se posee el arte de la declamación, cosa rara! la lengua resulta un mecanismo de expresión casi inútil. Porque no hace falta que Sada Yacco hable para que el público sufra con ella todas las emociones del personaje que representa y todos los estados del alma que el papel determina. Y no hace falta entender, eWffioma en que Se expresa para que lleguen al fondo del corazón los ademanes sublimes de dolor, de angustia, de celos y de amor que Sada Yacco expresa con una verdad admirable y con una singular intuición artística. No se puede describir cómo muere en la Gheza y él caballero. La escena es tan horrorosamente bella, que seduce, atrae y repele al mismo tiempo. Se desea que el espectáculo acabe en seguida y que dure eternamente. Hay allí un realismo hermoso que agobia, fatiga y encanta al mismo tiempo. En una palabra: se trata de impresiones que no se pueden describir; hay que sentirlas. Yo no sé si será una novela inventada para dar á la figura de Sada Yacco un interés que no necesita por cierto; pero las gentes cuentan que esta actriz es única en el Japón. No la hay mejor, naturalmente, porque eso es casi imposible; y no la hay peor, porque las leyes no lo consienten. Los papeles de mujer de las obras japonesas, como creo que sabe todo el mundo, están ó estaban hasta ahora representados por hombres. Sada Yacco, según los autores de esta historia, ha obtenido permiso del Gobierno para romper la tradición y presentarse en las tablas. ¿Será esto verdad? Hay motivos para dudarlo, porque el Japón es un pueblo que ha entrado en la civilización europea de golpe y porrazo. En veinte afios ha pasado de la barbarie á construirse todo su material de telégrafos y á pintar cuadros como los que hay expuestos en el gran Palacio de Bellas Artes. ¿Cómo se puede creer que un pueblo así mantenga una disposición legal como la relativa á que las mujeres no tomen parte en las obras dramáticas? Y si, con efecto, Sada Yacco es la primera actriz que poseen, hay que confesar (y aquí si que encaja la conocida frase) que han empezado por donde los demás pueblos acaban. ¿Tendrán que ir los europeos dentro de una docena de años á estudiar la declamación á Tokio? Para terminar estos ligeros apuntes sobre una personalidad del arte cuyo nombre quedará en la historia al lado de las más esplendentes figuras, sólo resta añadir que Sada Yacco es casada, que su marido forma parte de la compafiía como prim. ex actor, naturalmente (en todo nos imitan los japoneses) ¡que se uiéga á toda clase de interviews, y que de las lenguas europeas sólo habla el inglés. EMILIO SÁNCHEZ PASTO