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y Seguramente, el éxito alcanzado por M loco- Dios en Madrid superó á cuanto pudieran desear é imaginar sus admirables intérpretes María Guerrero y Díaz de Mendoza. También, como en los diversos puntos donde se ha estrenado, fué la obra discutida con calor, con exaltación, peio á posteriori, después de tributar á Bchegaray una formidable ovación, que seguramente traería á su memoria los días eapléndidos de sus triunfos indiscutibles y sólidos de O locura ó santidad y de El gran gáleoto. Y la obra se discutió y seguirá por mucho tiempo en el encerado, porque no es de las de regletas, y valga este símil tipográfico. No es un drama en el sentido y en la acepción justa del concepto y del mecanismo escénico; no es un símbolo, porque la figura de Gabriel de Medina sería entonces una falsificación del humanismo, de la encarnación de Dios hecho hombre y sufriendo por eus semejantes; no es tampoco el estudio de un caso médico, porque de ser así, la vulgaridad del caso, un hombre que se cree el Supremo Hacedor, manía que más de un demente ha padecido, despojaría á la obra de su atavío poético; tampoco se la puede califica de sátira social, porque ¿qué valor pueden tener en un perturbado ninguna de sus frases, ni cómo puede fustigar quien vive fuera del ambiente de la vida? A mi juicio, Bchegaray ha guiado á su genio por una extravagante concepción, extravagante naturalmente en el sentido de la originalidad, acumulando escollos y dificultades, para dominarlos y vencerlos con los altísimos vuelos de su fantasía creadora. Fuensanta, joven viuda inmensamente rica, conoce con motivo de un litigio á Gabriel de Medina, BU abogado, hombre origínalísimo de ideas, y de sentimientos tan generosos, que hacen de él una figura interesante. Quizá por eso, por lo nuevo del tipo, Fuensanta- -c eiKi mora de él. Los parientes de la viuda tratan de contrarrestar esta pasión, por que, avaros y codi c i o s o s v e n en el próximo enlace la pérdida de una fortuna q u e de o t r o modo pasaría á sus ACTO P R I M B R O manos, y valiéndose MARÍA GUERRERO EN E L PAPEL DE FUENSANTA de toda clase de medios, lanzan constantemente sobre Fuensanta las sombras y las dudas de que Medina es un farsante, que no la quiere nada más que por su dinero. Medina demuestra lo contrario embarcándose para América, de donde volverá tan rico, que nadie podrá dar abrigo á la sospecha de que su amor fué codicioso de dinero. Con la ausencia, elamor de Euensanta crece y se ensancha; los parientes estrechan cada vez más el cerco, pero con la vuelta de Medinai rico y poderoso, las zozobras de Fuensanta terminan; la boda se celebra, mas como los parientes ven escapar lapresa, lanzan contra Medina la acusación de que está loco. Por desgracia, los temores que Fuensanta abriga al ver la extraña conducta de su esposo, son ciertos; Gabriel llega al paroxismo de la locura, á creer que es Dios; Fuensanta ve rotas todas sus ilusiones; aquel hombre, amante soñado durante tantos días, no tiene corazón para comprender el amor intenso de Fuensanta, horrible y abrumador despertar de tantas acariciadoras ilusiones. Este es el drama, ó lo que sea; pero, en fin, drama provisionalmente- -como diría el propio Medina- -del gran Bchegaray, le debemos dos éxitos: el suyo personal de autor, y el que con motivo del estreno ha proporcionado á María Guerrero y á Díaz de Mendoza, colosal en la figura de Gabriel de Medina, hoy único capaz de crear una figura tan difícil, de efectos tan complejos, de tonalidades é inflexiones tan distintas. ACTO CUARTO Fotcg. Seymundo y C. FERNANDO DÍAZ DE MENDOZA. EN EL LOCO- DIOS