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CORTK 3 ÍJL Un hombre grosero es insoportable, pero lo es todavía más el hombre que procura con exageración en todas ocasiones demostrar que no puede ser más esmerada la educación que ha recibido. Confieso que el hombre demasiado cortés llega á hacérseme inaguantable. El que por echárselas de fino me detiene en la calle cuando voy de prisa para preguntarme por la familia, á quien no conoce ni sabe si existe siquiera, y para darme tres ó cuatro apretones de manos, que me las deja doloridas para una temporada; el que al llegar junto á una puerta se detiene para que yo pase antes, y así haya cincuenta, en todas ellas se para y repite el obligado no, de ningún modo, usted primero; el que fuma tabaco pésimo y me obliga á aceptar un cigarro; el que quiere pagar á todo trance mi billete de tranvía ó de la silla del paseo, ó lo que haya tomado en el café, para lo cual entabla conmigo una lucha á brazo partido é insulta al mozo si coge mi dinero; el que se cree obligado á hacer elogios, cuando me habla, de todo cuanto escribo, y me compara delante de gente, sacándome los colores al rostro, con los más grandes genios de la literatura; el que se pone muy triste cuando se halla enfermo algún- individuo de mi familia, como si le importara su salud más que á mí; el que me paga la visita inmediatamente para obligarme á devolvérsela; todos esos, la verdad, se me hacen odiosos. Prefiero el hombre á la pata la llana, aunque á veces peque de ordinario y diga alguna inconveniencia. Este incomoda, los otros empalagan. Conozco un señor que se llama D. Perfecto Cumplido y Cortés. No sé si por temperamento, por carácter, ó por creerse obligado á ello á causa de su nombre y sus dos apellidos, es tan perfectamente cortés y tan cumplido, que no se le puede aguantar. Cinco ó seis horas diarias dedica á visitar á sus amigos, y va y viene dando pésames y enhorabuenas, felicitando á éste, acompañando á aquél y molestando á todos. Jamás olvida cumpleaños, aniversario, ni, como decimos ahora, fiesta onomástica de sus conocidos, y para ayudar á la memoria lleva en el libro de señas con lápiz rojo apuntadas las fechas al lado de los nombres. r- Gasta un dineral en tarjetas y en sombreros, porque se les reblan J y dece el ala de tanto saludar. Tiene dos hijos, varón y hembra: él se llama Amable; ella Visitación. Hay quien asegura que hace ya tiempo se sometió á cierto régimen alimenticio para adelgazar y ser así fino hasta de cuerpo. lío da la mano jamás sin decir salvo el guante, y cuando va al teatro y ocupa una butaca, aunque no le conozca, dice siempre al espectador que tiene detrás: Dispense usted que le vuelva la espalda. Elpardon de los franceses, que le encantó al oírlo dos días que pasó en Bayona, lo prodiga á tontas y á locas, é igual lo dice cuando tropieza con alguien, que cuando le dan un encontrón ó le estrujan en una apretura; pidiendo perdón se pasa la vida. De todas las obras del teatro antiguo, al que tiene gran afición por haber en ellas damas y galanes, prefiere la titulada Finezas contra desvíos. En las Cuarenta Horas no deja nunca de hacer la visita al Santísimo, y se deleita oyendo cantar en la iglesia el Oh salutaris. Entre todos los reyes de España, ninguno encuentra que pueda compararse á D. Pedro el Ceremonioso. El único destino que ha desempeñado es el de visitador. Yo tengo la seguridad de que cuando nació, antes de salir á este picaro mundo preguntó al comadrón: ¿Se puede? El día en que muera, reblandecido de la espina dorsal á puras cortesías, si cerca de su cadáver preparan el reparto de las papeletas de defunción, se incorporará en el ataúd, diciendo: -No se olviden de D. Fulano, calle de tal, número tantos, piso cuál. Y sobre su tumba pondrán el consabido D. E. P. Que en este caso parecerá decir á los transeúntes: DISPENSADME ESTA POSTURA DIBUJO DE MÉNDEZ BRINCA MIGUEL EAM 08 OAREIÓN