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MODAS DE INVIERNO PARA NIÑOS J B y J o es tan fácil como parece vestir á una 1 S- S nifia ó á nu iiifio. p H Cierto que su cara, por poco agra Wm ciada que gea, y todas las caras in r fanliles son tan agraciadas por lo menos como aquéllas que los diarios adjudican siempre á las protagonistas jóvenes de crímenes y i suicidios (y Dios no nos ten- ga en cuenta esta profanación de la infancia) por poco agraciada que sea, repetimos, va bien con todos los trajes, armoniza con todos los colores y resulta su encanto con todos los adornos. Pero el arte de la modista y la ambición de una madre no deben satisfacerse con triunfos tan fáciles; el niño ó la nifia estarán bien con cualquier traje, es cierto, pero habrá uno con el que estén mejor, y ese uno es preciso buscarlo. Y es preciso buscarlo sin sacrificar á la elegancia y á la belleza el trascendental asunto de la salud, materia prima para que los encantos infantiles luzcan con todo su esplendor, y sin la cual los más brillantes adornos y las inás a r t í s t i c a s creaciones de la moda, antes que recrear los ojos de quien las contempla sobre el cuerpo de un nifio, los entristecen y anublan. No expongamos, por consecuencia, á un niño, aunque así vestido resulte precioso, á los fríos del invierno con trajes que por la ligereza de su tela no le defiendan lo suficiente del rigor atmosférico; más i aún: busquemos dentro de la moda modelos que satisfagan la necesidad de resguardar al niño en las diferentes temperaturas á que ha de exponerse durante el curiíO del día, segiín esté al aire libre ó en sitios cerrados, y sin que las bruscas transiciones puedan perjudicarle ni alterar su salud. Un traje elegante, cómodo, de abrigo y no muy caro... he ahí el ideal, ideal que creemos realizado por el precioso modelo que acompañaá estas líneas, y que juzgamos inmejorable para una niña de seis años. La tela del traje es terciopelo lustroso, con visos tornasolados como el moaré. El encaje es guipur blanco; el color del vestidito, así como el del sombrero, es azul marino. Una cascada de gasa pHssée con felpillas, azules ambas, guarnece el delantero. Se trata de un vestido que sirve de abrigo, lo que supone comodidad y calor para el invierno... puesto que debajo puede y debe ir otro frajecito. El sombrero luce, además, dos galones fantasía que armonizan cnn el chou de gasa, tan blanca como esa rizat da, larga y buena pluma. Con esta rápida explica; ción del grabado y el arte de una hábil modista, el tra je cuyo modelo publicamos I hade resultar necesariamen te precioso, y además, la mo í da que lo impone merecerá nuestros plácemes, por haber sabido unir á lo bello lo cómodo y n o indisponerse con ¡os médicos, que tanto se preocupan de la salud de la infancia. Fotog. ReutUiiger, París TRAJE DE T E R C I O P E L O PARA NINA DE S E I S ANOS