Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
PAISAJES DE P A R Í S La Exposición se cierra con un responso, con un responso de Drumont. El más católico délos escritores antisemitas se revuelve contra los que solicitan que se conserve tal ó cuál vestigio de lo que él llama la grotesca kermesse de 1900 Quiere Drumont V- que no quede piedra sobre piedra de todas esas construccio. A Sí nes abigarradas y cursis de cartónpasta. í Otro escritor, Jean Lorrain, dice que la Exposición es de ripio y cascote; que el estilo de sus construcciones es estilo turrón; que los cacareados domos parecen soperas; que la Exposición es la apoteosis de la marmita Y aún faltan quince días para que Flora Mannequmi como se llama á la parisiense de la Puerta Monumental, baje de su inmerecido solio I Después, cuando hayan salido de París todos los rastacueros é isidros que vinieron por la Exposición, cuando no haya miedo de que se eche á perder el negocio, sé desatarán todas las plumas y nos enterarán de todos los horrores que los misnios franceses piensan de esta Exposición de juguete, cuyo único encanto para los que vivimos en París fueron KN LA EXPOSICIÓN. LA CALLE DE ARGEL las visitas de parientes y amigos. Esta resurrección de fantasmas de nuestra juventud- -ha dicho Mirbeau- -no ha sido la menor n i l á peor de las atracciones. ¡Museo retrospectivo ó Guiñol de los viejos recuerdos, ¡ahí tú no nos distraerás todos los día 8l... ¿Es verdad, formalmente cierto, que van á derrumbar todo eso? cuenta Drumont que París se pregunta con ansiedad. Yo lo he oído mil veces. La pregunta de todos los labios y el deseo de todos los corazones son: ¿Cuándo se acabará eso? ¡Que se acabe eso. Eso- -aparte el disgusto que la Exposición produce á los verdaderos parisienses, á la gente de buen g u s t o es la ¿ató de medio año de Exposición: París invadido por millones de extranjeros; y midiendo con un mismo rasero á todo el mundo, transeúntes y vecinos, el servicio de Exposición, el servicio detestable, caro y grosero. Comprendo al escritor que de regreso de provincias escribió: Bl domingo en la Exposición, una multitud, un pueblo, más de seiscientos mil seres aglomerados en tan corto espacio, la población de tres grandes ciudades pataleando y volteando la noria entre el puente de Jená y el de la Concordia; y esos rebaños humanos admirando sobre todo los cañones, como carneros que se atropellan por ver loa preparativos del carnicero. Huyendo de allí seguí paso á paso los muelles de la orilla izquierda del Sena, y hallé un París abandonado, como vacío á consecuencia de un pánico, deliciosamente desierto. ¡Qué oasis y qué reposo! Kesultaba encantador el ser acogido por la columnata del Louvre, por las torres de Nuestra Señora, como por viejos amigos á quienes se olvidó un poco... ¡Ah, sí, yo lo comprendo, porque lo siento! Anticipando el cierre general, las suspiradas delicias del cierre general, he adoptado para mis paseos á la Kermesse los lunes lluviosos, que son miel sobre hojuelas. Como día siguiente á la fiesta dominical, el lunes es un día casi despoblado, y si llueve está vacío. Entonces, goteando. como un árbol, paseo por el Trocadero, por el Campo de Marte, por los Campos Elíseos; y como asombrado de que todavía dure la broma, me voy preguntando á mí mismo: -Pero, señor, ¿cuándo acabará esto? m LUIS París, 22 de Octubre BONAFOÜX