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CRESPÓN CORTADO POLÍTICA DE DIFUHTOS También la Política tione sus muertos. Y no son, ciertamente, los prohombres gue han dejado de existir; pues entf %l as diferentes personalidades que enterramos todos los años con cruz alzada, gran pompa y solemnidad, profusión de coronas y de cintas, lucida presidencia de ministros, arzobispos y generales, distinguido acompañamiento é interminable cola do carruajes, á cuya cabeza marchan el de Palacio y los de les Cuerpos Gologisladores; aquéllas que por sus verdaderos méritos son acreedoras de tan extraordinario liomenajo lejos de fenecer con su deleznable humanidad, parece que nacen á una nueva vida indiscutible y eterna. Co; los muertos de la Política no están eti el cementerio. Andan por las calles y asisten á los banquetes como las víctimas de aquel apuesto DON JUAN, cuya alma vaga errante estos dias por los escenarios, sin que, dicho sea do paso, haya artista capaz de darla pasajero asilo en su corazón. ¡Ivra mucha alma aquélla para estos corazones tan chiquitos que ahora se estilan! Fero no divaguemos como el espíritu de DON JUAN, y digamos con Larra, que también tenía un alma como no nos cabe en el pecho á ninguno de los CKcrilorcs del día; El cemonterio está dentro de Madrid. Madrid es el ceiiioiitpriu. Üi. queridos lectores; los muertos de la Política no son los personajes ilustres i ¡o pertenecen á la Historia; esos son los vivos; sino, por el contrario, aquéUDS á quienes la Historia ha desechado en vida, cerrándoles las puertas do la inmortalidad. u tal sentido, ¿qué son más que excelentísimos, ilustrísimos y serenísimos cadáveres la mayor parte do los políticos que se agitan en esta tumba llamada España? ¡Si, hasta tienen el fatídico aspecto de la muerte, porque ellos mismos se han encargado de arrancarse unos á otros á tiras el pellejo, de despedazarse mutuamente, de sacarse las entrañas, dejando al descubierto la repulsiva osamenta de sus ambiciones y mezquindades! ¿Qué es el doctor Esquerdo sino un muerto á quien la parca ha respetado la barba y las melenas? Quó es, sino un muerto. Salmerón, cuya cóncava y tronante voz parece que sale de ultratumba, y del cual h. asta se dice que viüe en otro marido? ¿Qué es Pí, además do la razón de la circunferencia al diámetro? Pues en política, un cadáver más, al que no le faltan ni la frialdad ni el silencio. ¿Qué, Gamazo? Un difunto que cobra del Prosupuesto yhace elecciones como tantos otros cue usuran á la vez en el Censo y en el registro de la Sacramental donde están enterrados... ¿Qué, iloret? Un muerto que habla. No es el primero. ¿Qué, Totuán? Un difunto que da bofetadas. Tampoco es el primero. Xi será la última! rQué es Aguilera sino un cadáver que está en este mundo porque no ha habido manera de üevársole al otro? i Cualquiera carga con ese muerto ¿Y Polavieja y Weyler? Dos Cices, solo que al revés: éstos, después de muertos, pierden las b. ilallas. (Y antes tampoco hay seguridad do que las hayan ganado. Y Villaverde, Navarro Reverter, Montero Ríos, López Domínguez, Cerralbo, é tutti cuanti... lifuntos, difuntos. El último muerto, cuyo cuerpo aún está caliente y en cuya tumba todavía no se ha colocado la lápida, ni se sabe cuál será el epitafio, os el Sr. Silvela. Su muerte ni ha sido sentida ni ha producido el menor trastorno. Que haya un cadáver más, ¿qué importa al mundo? T. a política en este desdichado país es una Necrópolis, y sus actos más bien parecen macabras danzas. El mismo Congreso con su severa arquitectura, su pórtico y sus esfinges, y sobre todo con su puerta siempre corrada, á bien poca costa so convertía ostensiblemente en un panteón, porque Oralmente ya lo os de la Ley y de la Justicia; bastaba adosarle á los Icones unas lámparas fúnebres, y sustituir en el frontis el letrero que dice; CONGRESO DE LOS DIPUTADOS SACRA SILLEXTII DO- MUS Otras muchas cosas hay muertas en nuestra política que no las evoco, porque ya Larra evocó su recuerdo, y desde entonces acá no han resucitado, ni malditas las trazas que llevan. Lo peor es que enire todos esos esqueletos vivientes hay una muerta, la Opinión pública, cuyos blancos condales de virgen inmaculada contrastan poderosamente con as grotescas mortajas de sus compañeros de sepultura. lAy de nosotros si esa no resucita! EL SASTRE DEL CAMPILLO