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T: E: XVJL CORTJLÜJL UNA CRISIS EN UN SUEÑO Jamás crisis alguna se ha prestarlo tanto á la sátirarpor los ridículos detalles que en ella han concurrido, como la que acaba do cerrar entro chislos y carcajadas el breve pero divertidísimo gobierno del señor Silvela, que ha sido una serie no interrumpida de situaciones cómicas, dignas de representarse en Apolo con música de Quinito Valverde y crítica de Caramanchel. Porque eso de acostarnos todos los madrileños, incluso Polavieja, pensando en las varas de linoleum que iba á tenor que comprar D. Camilo para contrarrestar laí humedades del viejo palacio de la calle Mayor, único problema que por lo visto llevaba á la Capitanía, y encontrarnos conque la criada nos entraba al día siguiente, en unión del chocolate, El Itnparcial con el nombramiento del general Weyler para el mando del Primer Cuerpo de Ejército, es de una fuerza teatral envidiable por todos los autoresdel género chico, y aun del grande. Ahí es nada ver á Gasset, al propio propietario de í ¿Iiiiparcial, buscando al pie del artículo en que se comon (aba el inesperado nombramiento, la firma de Mariano de Cavia, de Luis Tabeada, ó de V. A No puede ser, -decía; -esto es una genialidad de Mariano como la de aquel artículo del incendio del Museo. ¿Será acaso un En broma de Tabeada y se le habrá olvidado al regente poner el titulo? t iComo no sea el prólogo de A A para la corrida del Dominguin! lAliora los revisteros dogmatizan tanto! Pero cuando leyó, el contexto y se enteró de que tenía el fuego debajo del sillón ministerial, de que el En broma se había convertido En cerax, y que la corrida no era la del Dominguin, sino la del domingo con la lidia y muerte del Gobierno, no pudo reprimir un rugido de rabia, y mesándose los cabellos exclamó; ¡Oh, qué filtro enveaenado me dais e i este papel! Pues la sorpresa de Polavieja no fué menor. Estaba desayunándose cuando llegó El Impardal, y un amigo, porque los amigos en el momento que los prohombies suben al Poder van á verlos muy de mañana, se puso á Ojearle. ¡Caracoles! -exclamó al encontrarse con la noticia- ¡Parece imposible! ¡Qué! -interrumpió don Camilo, fiel á su pef adilla. ¿Linoleum bar a t o? A ver dónde. -Sí l i n o leum: ¡Weyler! ¿lía muerto? -Ha s i d o nombrado cap i t á n general de Madrid. ¡Linoleum! digo ¡zapateta! -rugió D. Camilo, dejando caer la jicara de chocolate sobre el gato, que salió haciendo i Ú. El amigo también salió haciendo FÚ, y se fué á ver á Weyler. Quiero decir que le transmitieron por teléfono la noticia, pues acostarse por teléfono sólo lo hacen los que duermen en los bancos del Prado, y así ocurre que á cada momento les están llamando los guardias para ponerles en comunicación con el Gobierno civil. -Aquí han traído el original para la Gaceta, -le dijo á Dato el subsecretario. -Pues dele usted. -Es que entre el original viene un decreto muy original. -Será de García Alíx; es el único que se trae cosas originales, porque las de AUendesalazar son traducidas de ViUaverde. -No, señor; es un decreto nombrando á Weyler capitán general de Madrid. ¿Qué me dice usted? -IJO que usted oye. -üiA Weyler! -El mismo que v i s t e y calza. -Poco á poco; bueno que le nombren capitán general; pero eso de que calza y de que viste un hombro que todavía usa la guerrera de cadete y los zapatos de la primera comunión- ¿Qué hago? -Que lo compongan y lo publiquen. -Pero ¿y Polavieja? -Ese se queda compuesto y sin capitanía. ¿Y usted so va á dormir? ¿A dornríir? ¡Cualquiera se duermo con Silvela! Aquella noche se le apareció á Dalo lo menos cuatro veces Weyler entre sueños, y las cuatro veces con el mismo traje. Ni la imaginación es capaz de hacerle ropa. Azeárraga estaba en Toledo contemplando la campana gorda y haciendo cálculos s bre si cabria en ella, cuando le llevaron la noticia de la crisis y de su llarnamiento á Palacio. Al principio creyó que había oído la campana. Vamos, que tocaban á misa. Pero cuando se enteró de que no llamaban á los fieles, sino á él, y de que no era para oír misa como un simple devoto, sino para actuar de pontifical en aras del país, estuvo por revestirse con la propia casulla de San Ildefonso para venir más en carácter; poro se limitó á revestirse de autoridad, ordenando que inmediatamente le trasladaran á Madrid. No había más tren ascendente que uno de mercancías, y se empeñó en venir facturado. El jefe se vio negro para convencerle de que con su peso le iba á costar un dineral. Y lo demás ya lo saben ustedes; que llegó, que fué á Palacio el mismo domingo por la noche, que le encargaron de formar Gabinete, y que creo que está buscando muebles, digo, ministros todavía Tales han sido los detalles más culminantes de esta crisis cómica, en que el primer sorprendido fué el presidente del Consejo de Ministros, que se está haciendo cruces de cómo de la noche á la mañana se puede hundir una situación. Tanto es así, que cuando sus íntimos le hablan de la crisis, contesta; -Callen ustedes; ¡todo en una noche! ¡Si p a r e c e u n sueño! EL SASTPuE DEL CAMPILLO CIBUJOS DE XAUDAKÓ Sagasta leyó la noticia en la cama, y se limitó á exclamar á guisa de comentario; -Se ha divertido el del linoleum. Y dando media vuelta voivió á quedarse dormido como un Capdepón. Dato ya soñó aquella noche con Weyler, porque le transmitieron la noticia el sábado en el momento de ir á acostarse por teléfono.