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Pero el teatro, p r o p i a m e n t e dicho, no comienza en E s p a ñ a h a s t a m u c h o s años después. Aun en tiempo del famoso comediante Lope de Rueda, en que el gusto del público por este género de espectáculos h a b í a ido generalizándose hasta llegar á los pueblos de escaso vecindario, representábanse las comedias al aire libre sin aparato escénico de otra ciase que u n t e n d e r e t e improvisado con vigas y cuerdas de las que p e n d í a n t r e s m a n t a s ó telones hechos con retazos d e lienzo, y que formaban el recinto dentro del cual se movían los comediantes. Instalado de esta m a n e r a en plazas y mesones vivía el a r t e escénico, hasta que por el año 1568 encontró asilo en los corrales y a m p a r o en los concejos y cofradías. Fué el de la Pacheca uno de los primeros que ofreció funciones norm a l m e n t e Alquilado al efecto por las cofradías á Isabel Pacheco su propietaria, comenzó á r e p r e s e n t a r en él la farándula del aplaudido histrión Alonso Velázquez, muy del gusto del público por sus excelentes condiciones de actor. Años después, las propias cofradías, p a r a evitar el pago d e alquileres, fabricaron por su cuenta corrales, uno en la calle de la Cruz y otro en la del Príncipe, el primero en 1579 y el segundo en 1580. De entonces data el Teatro Español, a u n q u e r e a l m e n t e del edificio no queda n i u n madero, y solamente la tierra sobre que se levanta es la m i s m a que sustentó al antiguo Corral. Instalóse éste en los terrenos adquiridos á la prop; a I s a b e l Pacheco, ensanchados con los que ocupaba la casa del doctor Álava, y en 1745 reedificóse el teatro, agrandándole hasta las dimensiones que hoy tiene, 11.694 pies, sobre cuya b a s e fué reconstruido en 1806 p o r haberlo destruido u n incendio, encargando la n u e v a edificación al arquitecto VilJanueva. EN UN APOSENTO De esta época es, p u e s el actual teatro, que ha sufrido escasas modificaciones en lo que á su fachada se refiere, a u n q u e en el interior h a cambiado tanto, qne sería difícil reconocer en él las primitivas proporciones y distribución. En aquel entonces sólo se daba función en los corrales los domingos y días festivos y en Pascuas. Después concedióse p e r m i s o p a r a r e p r e s e n t a r dos d í a s de trabajo cada semana, y quince consecutivos a n t e s de Carnestolendas, en cuyo día cesaban las representaciones, no volviendo á r e a n u d a r s e hasta la Resurrección. La afición demostrada por Felipe I V á las representaciones escénicas fué base del engrandecimiento del arte. Gracias á la protección de este rey, llegaron á cuarenta las compañías que actuaron en la Corte, y h a s t a se concedió á los cómicos entrada en palacio, donde a d e m á s r e p r e s e n t a b a n comedias los individuos de la Real Familia en aquellas suntuosas fiestas que han dejado memoria. E n lo qne se refiere á lo que hoy llamamos mise en leene, adelantóse r á p i d a m e n t e en esta brillantísima época. El marqués de Heliche fué el primero que m a n d ó delinear mutaciones y fingir máquinas y apariencias, cosa, que según Bances Oaudamo, tllegó á tal p u n t o que la vista se pasmaba viendo como los pinceles daban apariencia de realidad á la superficie de u n lienzo. Aunque son m u c h a s las obras de reforma que en distintas épocas se han hecho, las más i m p o r t a n t e s h a n sido las realizadas d e s p u é s de su reedificación en 1807, y e n t r e éstas las que se llevaron á cabo en 1840 siendo empresario el ilustre Romea. Quitáronse entonces los bancos, sustituyéndolos por lunetas, y suprimióse la cazuela, convirtiéndola en galería. Nueve años después, en t i e m p o s del c o n d e de San Luis, t a n decidido protector del arte dramático, fueron cambiadas las lunetas por butacas elegantes y cómodas; s u s t i t u y ó s e el telón de boca y s e p i n t a r o n y forraron los palcos; t a m b i é n se e m p r e n d i e r o n obras de embellecimiento tan importantes como la de decorar con pinturas el techo del t e a t r o El Estado, dueño ya entonces del local, cedióselo al Ayuntamiento, á condición de que fuese destinado al mayor brillo del arte nacional y funcionare en él a mejor compafSía de actores de España. De esta época son igualmente los retratos de artistas y dramaturgos qué constituyen aquella galería, y que pintó Espalter por encargo del conde de San Luis. Cambiáronse asimismo las luces de aceite que servían de iluminación al teatro, poniendo quinqués ascendentes, que d a b a n más luz y no producían olor ni h u m o En 1847, el jefe político de Madrid D. Patricio de la Escosura quiso librar al coliseo de las cargas que pesaban sobre él y darle el nombre de Teatro Español, en sustitución de el del Príncipe, poniéndole bajo la protección de la reina doña Isabel I I Sus proyectos no se vieron realizados hasta mvicho tiempo después. E n 1849 fué declarado Teatro E s p a ñ o l el antiguo Corral de la Pacheca, y m á s t a r d e coliseo delPríncipe, después de hacer en él algunas otras obras de reforma, colocándose una lápida sobre la p u e r t a principal en conmemoración d e l hecho. Desprendido uno de los grupos de figuras que estaban colocados sobre la embocadura, m o m e n t o s a n t e s de entrar en el teatro cierta n o c h e el rey D. Alfonso X I I el comisario del teatro, D. Mariano Soriano Fuertes, propuso a l Ayuntamiento que dichos grupos fueran sustituidos por los retratos de D. Manuel Bretón de los H e r r e r o s y D. V e n t u r a de la Vega, como así se hizo. Después de algunas otras reformas, cuando en 1887 fué declarado ruinoso el edificio por los arquitectos municipales, las protestas de la P r e n s a y del público FACHADA DEL ACTUAL TEATRO lograron librar el histórico templo de la piqueta de-