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DIÁLOGO ENTRE ÉL Y UN AMIGO SUYO ¿Es usté así? ¡Ya lo creo! P c r o ¿es su geRio tan corto? V o y á ver si en breves frases j prescindiendo de exordio, mi carácter le describo para que se quede absorto: Es tal el afán que tengo de ser agradable á todos, que es para mi la existencia terrible martirologio. Si alguien me pide dinero, estoy en dárselo pronto, rogándole me dispense por si le parece poco. Si trata de devolvérmelo dulcemente lo respondo; Cuando puedas buenauíonte, cuando te sea jiiás cóm. odo. Y es natural, el amigo, á quien favorezco pródigo, ó no vuelve, ó si es que vuelve le da otro avance á mi bolso. Si estreno alguna comedia, y reparto, generoso, entre mü conocimientos localidades que compro, les suplico que no aplaudan por si les resulta incómodo Y excusó decirle á usted que me obedecen gustosos y no aplauden, ó si acaso mo patean á su antojo. Lo cual no es óbice á que les pida perdón á todos, como si el hacerlo mal hubiera sido á propósito. Un ministro, partidario de economías y aliorros, me dejó cesante, y yo lo escribí respetuoso: No se aflija su excelencia si ya desde hoy no como; lo primero es su salud, que estimo como á mí propio. Un rata, en cierta ocasión, en la Plaza do los Toros me quitó un reló de nikcl estropeado y roñoso. Pues bien, alcancé al ratero, y con finísimos modos le dije: Chico, dispensa que el reloj valga tan pocoi ton la bondad de robarme mañana, que traeré otro. Para demostrar, en fin, que siempre estoy anheloso de servir á todo el mundo, voy á referirle u n colmo: Vi un anuncio en un diario que en caracteres muy gordos decía: E ¿niño de Kola e. s al verdadero tónico; pídase en cuantas boticas haij en Madrl y sus contornos. Pues bien, en aquella tarde, sudando como un cachorro, -ecorrí cuantas farmacias tiene la Villa del Oso, pidiendo el vino que dicen ser el verdadero tónico. Si en la calle algún amigo me saluda afectuoso, digo al punto: ¿Me estará tomando el pelo este mozo Si al revés, noto que serio responde, ya me acongojo y no duermo aquella noche, preguntándome á mí propio si lo habré faltado en algo sin intención ni propósito. Si estoy malo, y el doctor acudiendo en mi socorro me manda sacar la lengua, por el contrario, la escondo, no ¡Q incomode pensando que lo luigo burla y me mofo. ¿Qué más? Y con esto acabr Para el día de mi óbito tengo escritas las esquelas redactadas do este modo: La familia del finado suplica á sus numerosos am. igos, no se molesten siguiendo el carro mortuorio, ni encomendando su alma con resos ni con sollosos, que Dios en su excelsitud le dará el premio de todo. Después de esto, ¿hay quien me gane á bondad? ¡Ni por asomo! ¿Y á desventurado? -Menos. ¿Y á cumplido y generoso? -Menos aún; que no existe otro como usté en el globo, -Soy u n santo, ¿no es verdad? ¿Usted u n santo? Tampoco. ¿Qué soy? -Acerque el oído y se lo diré bien pronto. ¿A qué viene ese misterio? -Es un secreto muy hondo... E n mi opinión, es usted j ¡un solemnísimo tonto 11 TOMAS L U G E Ñ O ip m 5 i li k