Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
fNLá PUERUA Cualquiera que llegue á Madrid en estos preciosos instantes de suspensiones de diputados provinciales y levantamiento de adoquines, no dará crédito á sus ojos viendo la Puerta del Sol convertida en inmensa fragua, en infierno dantesco, en plena revolución o aíí ¿ca. Es tal el cambio, la mudanza, que el que pase por la Puerta del Sol el mes que viene, á la terminación de las obras, sin haber presenciado anteriormente el período de anarquía en que ha vivido la viscera madrileña más importante, tendrá que decir como el personaje de cierta zarzuela; fjBsta no es mi Puerta del Sol ¡me la han cambiado I Por supuesto, que no han podido hallar más divertido entretenimiento los ilustres y consecuentes desocupados, que también deberían desaparecer de aquellas aceras, aprovechando la reforma. No hay en ningún país más afición al dolce far: Si -nienie que en el nuestro; así que no es extraño que los trabajadores ocupados en el arreglo del pavimento de la Puerta del Sol se vean siempre rodeados de numeroso público, no fal; V tando individuos q u e se permiten, p a r a justificar también otra cualidad innata, la de meternos en 4 todo lo que no nos importa, dar algunas disposiciones interesándose por el mejor éxito de la cosa. Hay quien no duerme pensando dónde irán á parar loa adoquines de la Puerta del Sol, y quien siente vehementes deseos de decir á un peón: ¿Dónde va usted con esa piedra tan grande? Quite usted, yo la llevaré, i- que estará usted cansado PREPARANDO EL ASFALTO de todo él día, y además me conviene hacer un poco de ejercicio. La curiosidad no halla nunca término al interrogatorio, y aaí como el famoso corregidor de Almagro se murió porque al vecino le hicieron un chaleco corto, hay quien- no puede dormir tranquilo sin saber antes si el tranvía del Norte va á seguir hasta la Plaza del Progreso, ó como decía aquél, se lo llevan hasta viceversa. Hay que convenir que el espectáculo que ofrece en estos días la Puerta del Sol es muy pintoresco. Hay momentos en que al verlas numerosas calderas, bien atizadas de fuego, vomitando incesantemente negro hume, parece que va á echar á andar como un enorme trasatlántico.