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y- I- 4 si- i áí f- gs: fcií rf. que se les cae la baba. Hay criaturas así, que son las hijas de la suerte. Figúrese lo que le esperaba á la chiquilla. O ponerse á servir ¿y de qué sirve una criada de once años? ó ir al Hospicio, ó dedicarse á pedir limosna Y por cuánto la víspera de la marcha de Martin, al pobre rapaz le tienta Dios á entrar en el tabernáculo del para echar unos vasos y quitarse las melancolías; y le sacan vino, y caña, y bala rasa, yo qué sé! y á los pocos tragos- -como él nunca lo cataba- -se le sube á la cabeza y rompe á llorar y á gritar y á decir que le daba el corazón que no volverla y que Minga se moriría de necesidad Y resulta que la tabernera, un corazón de mantequilla de Soria, también suelta el trapo, se le agarra al cuello, y le ofrece cargar con Minga El marido se oponía, pero la mujer le convenció de que allí se necesitaba una rapaza para fregar los vasos y barrer Y quien friega y barre es la tabernera, y Minga está como la reina, mano sobre mano y bien regalada, y riéndose y cantando y es alegre como unas pascuas. ¡Buen cascabel se prepara ahí! ¡Si da grima ver aquella cara tan satisfecha y al mismo tiempo la ropa de luto! Y al notar mi sorpresa el cura, prosiguió: ¿No lo sabía? ¡Claro que sil al instante Si fuese un holgazán, un vicioso, un quimerista, un bocarrota, aquí volvería sano y salvo Como era tan modosifio y doblaba tan bien las casullas, ¡duro en él! Fué una de esas cosas de pronto, sin chiste Una emboscada, una trampa en que cayó el destacamento. Lo supe por carta que se recibió en Marineda de un sargento que escapó con vida. Diez ó doce murieron, y entre ellos Martín. No lo trajeron los periódicos; ¡si fueran á traer las menudencias! A Martín le saltaron á la cara dos negrotes. Lo particular es que aseguran que se defendió como una fiera. Estoy por no creerlo. ¡Pobre madamital Milagro si no se puso de rodillas á que le perdonasen. El sargento parece de Sevilla. ¿Pues no dice que Martín envió ai otro barrio á uno de los mambises, que era un animal atroz? ¿Y no cuenta que casi podía con el segundo, y si no fuese porque tropezó y resbaló y el otro se le echó sobre el cuerpo y con todo el peso, lo acaba? ¡Bahl ¡bah! El asunto es que á Martin Un gesto expresivo, una mano girando con rapidez alrededor de la garganta, completaron la frase. -Y aún ayer apliqué por él la misa, -añadió el señor cura cuando ya dobláhamos el pinar. DIBUJOS DE MÉNDEZ BRINCA EMILIA P A E D O B A Z A N