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IK snics en l; is in jüitas soledades del terruño, brillaban á ratos con reíiejos de bronce, bañados por la cajüichosa luz do la llama. -Güeno, ya es la bora; j a embasnesió la miga; pero no puá comerse hasta que no ispierten los amo. ¡es la custión de la mendimia! ¡Ilosario, chiquilla, aporrea las puertas una miaja, ver si quié Dios! Y R sario, la desgreñada y rubilla arrapieza del casero, que trasteaba en la coitina, con la say: i recogida en nudo sobre las caderas, al aire el burdo a; galeji! lo de bayeta roja, aún menos roja que sus labios y su cara de rosal bravio, corrió, torciendo graciosamente sxi hociquillo risueño, á las puci tas ¡ue daban á la cocina. ¡A vé la gente! ¡que se qxieman las migas! ¡Arriba tó lo güeno! Y tamborileando con los puños cerrados en los tableros de las puertas, canturreó esto, entre las ruidosas carcajadas de los campesinos: ¡Virgen de Ros! a, la miga está güeña! ¡A la una, á las dos, á las tres, ya me alcvaníé! r, e; r pronto sonaron en los cuartos de los dormilones gritos porc: y risas argentinas, 7, la cociña so lienó de gente alegre. La vendimia serrana es una fiesta pasional; los amores y los celos iniciados en la aldea se contir núan alb frente al paisaje soberbio y bravio, á través de las sendas escabrosas de la viña fccnnd. a, de las sendas mojadas por el roció, correteadas por los gorriones bohemios espa; tado 3 por el pasa de las parej: s felices. Y es fiesta para ellos, para la juventud eter; ia; para los mozos bizarros r ao lleva: á la vendimia el lujoso chaquetón de terciopelo con caireles de a; abache; jinra las adorables mozas, c ¡ue so ciñen el pañolón de seda floreado de rojo; y en tanto que la atezada cuadrilla recoge en las banastas de mimbres los apretados racimos rociados de perlas, las parejas dichosa. s, envuo- tas en ima oleada de ámpanas verdes, envueltas hasta la cintura, se dicen al oído. sus penas) -sus duelos v s; s esperanzas y sns a; narguras, con la pasión do una juventud inextinguible en la boca y en los ojos. E s ya medio dia; el sol de otoño hace destellar sol) re el valle su ancha rodela de oro; se llenó el lagar hasta los bordes, y encima del fruto cayó crujiendo la vieja viña negra y la piedra clásica, ía enorme piedra que hizo correr por las canales de a irillo el líquido bermejo, cuya canción bárbara v sonora fué acogida por la algazara salvaje de los campesinos: ¡La vendimia! ¡Güen añol- ¡Jesús! ¡De ró que sirva! ¡Bendígala Dios! Y anochecido ya, frente al rellano del blanco caserío, imualado por la luz de plata de la Juna, qtre líacó brillar los lejanos olivares y el jazminero que entolda el iiozo, la guitarra modula y gime las alegrías y los (lucios de la jornada entera, y suenan entre la zambra de los paliMoi las coplas suplicantes ó desgarradoras, triunfantes algunas como gritos do rct; loloridas otras como sacias de pasión: A inores de Tciiili; nia yo no los quiero, que se a; a in do pronín llegando nr pueblo. Y sobre la profunda y solemne majestad de la noche, á tiempo en que las invernales rosas lunarias deshojan al viento sus cálices de estrellas y se entreabre; i los bermejos botones del granado, ios negr. s ojazos de sultana, los rojos labios y los talkís de rei; ia cimbra. dos por la segundilla clásica, vierten o: los corazones agarenos de los mozos la pasión triste y soberbia que inspira las soleares y el navajazo.