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¡Éll- -rrepitieron con asombro. ¡Ese- -añadió otro, ese, que ni siquiera está aquí en estos momentos! Y despechados, con el odio ea el alma, lleno el corazón de rencores y el cerebro de ideas negras, decidieron todos retirarse de allí, donde nada tenían ya que hacer. Diez eran, y componían una de esas familias cuyos individuos se tratan sin afecto, sólo porque llevan el mismo apellido más ó menos cerca del nombre de pila, como por una obligación social, no porque el cariño los una con sus lazos. Entre ellos había ese trato indiferente y cortés que á nada obliga, muy comÚQ entre las gentes bien acomodadas y casi desconocido entre la de pueblo, donde los parientes ó se aborrecen ó se aman. Cuando se vieron fuera de la casa mortuoria desatáronse en improperios contra el difunto; cada cual, según su temperamento ó su carácter, le juzgó con más ó menos dureza; pero convinieron todos en que era un miserable indigno de aprecio. -i Qué sorpresa para el tal Arturito cuando se entere! -dijo el que tenía cara de perro. -Porque, señores, yo no creo que él esperase heredarlo todo, ni hay razón para ello. Puede que la haya, -murmuró un primo del di- f nnto, que parecía una lombriz. ¿Qué motivo puede haber siendo el pariente menos cercano? -Arturo visitaba al tío (ya no le llamaban pobre) con más frecuencia que nosotros- -Y le adulaba y nada le pedía, porque es rico. -Yo nada le he pedido tampoco. -Ni yo. -Ni yo. Ninguno le había pedido nada; pero todos acudieron á él, con buen ó mal éxito, siempre que lo necesitaron. -Yo repito- -dijo entonces el caballero lombriz, -que acaso haya una razón poderosa para esa preferencia en favor de Arturo. ¿No habéis sospechado nunca que entre éste y el tío existía un parentesco mucho rñás cercano? 4- ¿Cómo? T 7 ¿Qvié? -Yo he oído hablar de si el tío tuvo ó no tuvo predilección por su sobrinita Pilar, la madre de Arturo... -Es cierto. -Sí, también he oído yo algo f ¿Í -En ese caso, nada tiene de particular que le prefiera. ¡Claro! ¿Y dónde está Arturo? -En Alemania. Ha ido á consultar con un médico famoso, porque le ha salido en la cara un grano que tiene mal carácter. -Es verdad; yo le vi hace poco y llevaba un carrillo cubierto con una venda. ¡Pobre Arturo! -exclamó el señor vermiforme; -tengámosle lástima y no envidia. Por lo visto, lo hereda todo, todo ¡hasta el cáncer! KAMOS CAEEIÓN