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li! l F. GIMIKXrO OYUXUO ¡XIISA DE CAMPANA miníío, á las doce, la misa de campaña en Pinto. ¡La misa á caballo! E s uno de los espectáculos más interesantes para el que le tenga afición á las cosas militares, fíl lunes por la tarde, en Madrid. Araujuez obsequió á los húsares con cigarros; en el casino do la villa se cambiaron grandes apretones de manos; más de una aranjvczana (no sé si hay que llamarlas así madrugó para despedir al conquistador que le arrebataban; las criadas fueron tarde á la compra, y sus a m a s tomaron el sábado el chocolate con lágrimas. ¡Los soldados salieron carretera adelante volviendo la cara! ¡Adiós, Araujuez, que te quedas sin gente! l hi Pinto los esperaba el domingo todo el pueblo, y las pinteñas y muchas madrileñas quo acudieron á la linda villa vecina llenaban calles y balcones. En la galería del primer piso de la Gasa Consistorial estaba preparado el altar. Al dar las doce llegaba el regimiento, alegrando los ojos de la multitud, y los clarines resonaron con esos toqires majestuosos que sólo en nuestra Caballería española se, estilan, y á mí me ponen carne de gallina y me dan ganas do ir como los chiquillos detrás del regimiento Acto continuo empezó la misa, oída con solemne silencio por los húsares y el pueblo. Inmóviles los caballos; al frente el simpático coronel; al lado, el tórnente coronel Ampudia, tan popular entre los suyos; la oficialidad, compuesta de jóvenes que han preferido la carrera de las armas á la vida sedentaria y viciosa, representando allí la aristocracia sana que sirve á la patria. Al llegar el momento de alzar la hostia, suena la voz de mando, salen al aire todos los sables, y el regimiento saluda á Dios y brillan al sol los quinientos aceros. Al üc misa cst, nuevo saludo, y en seguida pie á tierra. Oficiales y soldados se desparraman por las calles; el alcalde de Pinto, que es hombre amabilísimo y activo, dispone los alojamientos. En el Casino se preparan los almuerzos. Los soldados, ya olvidados de la lluvia y de las doce horas de marcha, forman corros y bailan y cantan. ¡No se oyen en la plaza más que requiebros y piropos! Por la noche, baile en el Casino; Pinto se luce y los húsares no descansan. A la mañana, botasillas, todo el mundo á caballo, y á la tarde, los madrileños que pasearon el lunes por las afueras pudieron ver entrar por el puente de Toledo á los húsares azules con las caras risueñas, porque la vuelta á Madrid alegra á todo el que de él vivió lejos Allá, en Aranjuez, que ya les parece quo está más lejos que Pokin, queda mucha gente suspirando ¡No lloréis, esparragueras y freseras! que si el regimiento mim. 19 se ha ido, ahí van los dragones de Lusitania, que son también muy buenos mozos, y ellos se encuirgarán de consolaros. ¡Y viva la Caballería! EusBWO BLASCO Fototíaifías de Muñoz de Buena EN MAKCHA PARA MADRID