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-Eso, para ustedes- -añadió, -debe ser muy fácil. -No siempre. Por ejemplo, en la zarzuela que ahora estoy escribiendo, de asunto triste, no cabe e! baile de ninguna manera. -No escriba usted cosas tristes, hijo. Acuérdese de la alegría de nuestra tierra En esto entró la bailarina, una joven bastante bonita, aunque no tanto como su madre el afio 68, ajuicio de Sánchez Después de la presentación y de los ofrecimientos de rúbrica, Sánchez se retiró, marchándose á la calle sin pasar por el cuarto del primer actor, donde sus dos queri y dos compañeros seguían poniendo de oro y azul á todo bicho viviente Sánchez caminaba con lentitud, hilvanando en su pensamiento el siguiente monólogo: ¡Parece mentira! ¡Guadalupel ¡Lupita! como la llamábamos los chicos del Club Náutico La mujer más bonita y más graciosa que he conocido, ¿es esa anciana de blancos cabellos, sin dientes y deformada y desencuadernada Hay que verla para creerlo, y después de haberla visto ¡qué tristeza tan grande ha invadido mi espíritu! Después de tropezar con un transeúnte, que acaso iba haciendo otro monólogo, reanudó su discurso mental en esta forma: ¡Qué enamorado estuve yo de esa mujer! Y qué tímido, ó mejor dicho, qué tonto fui Jamás me atreví á declararle mi amor de un modo franco y formal. Versitos miradas tiernas indirectas sutilísimas Y es que tenía toda la timidez del amor verdadero y la torpeza infantil de los dieciocho años! ¡Cómo se reía de mí! Aán esta noche me ha parecido notar cierta sonrisita Como un sonámbulo llegó á la puerta de su easa, que le abrió el sereno. -Buenas noches, Lupita, -dijo Sánchez perdiéndose en la obscuridad del portal. ¿2 Vípíí ¿Si vendrá bebido el señor? ¡Miáqne llamarme Tripita! Sánchez entró en sus habitaciones, encendió las ocho velas de dos candelabros, los colocó frente á un armario de luna y empezó á examinar minuciosamente su propia figura ante el espejo. ¡Qué atrocidad! No había yo reparado en lo gordo que estoy Parezco un marmolillo panzudo, i Claro, la vida sedentaria! No hago ejercicio estoy continuamente clavado en el sillón de mi despacho y ya esto es un desbordamiento Pues ¿y la barba? Ya es más que gris y esto no es de la vida sedentaria ¡Anda, morena, y cómo se notan las patas de gallo! Nada, que estoy hecho una verdadera ruina como Lupita. Es natural; no había de pasar el tiempo para ella sola Le debo haber producido el mismo desastroso efecto que ella á mí sólo que ella ha sido más prudente y se ha asombrado por dentro. La mujer nos lleva siempre ventaja en el disimulo Hay que resignarse, ya que la rebelión no es posible. ¡Qué razón tuvo el poeta cuando dijo: t ¡Cualquiera tiempo pasado fué mejor! Sánchez apagó los candelabros y se acostó, á obscuras, sin luz y sin moscas, pensando tristemente en la Bota del año 68 y en la derrota de su juventud. FRANCISCO FLORES GARCÍA DIBUJOS DE MÉNDEZ BRINOA 5 Ít f-