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La esposa del Einir prisionero presentó á la hija del Califa el collar de perlas precio y condición del rescato. ¿Cómo has podido adquirir tantas y tan bellas? preguntó la princesita asom- i bi- ada. Y la esposa del Emir contestó: -To las las mañanas, desde que mi esposo cayó prisionero, he recogido de los almohadones de mi lecho puñados de ellas. ¡L n hada buena, sin duda, iba convirtiendo en perlas mis lágrimas! Ide. gó el día de la boda de la priucesita, y se puso el collar. Su garganta parecía una mazorca do perlas, y ella estaba orgullosa, y todos admirados de tanta riqueza y hermosura. Tero en el momento más regocijado de la ijesta sintió la princesita que los granos de la mazorca se desprendían y (laíau, resbalando cálidamente por sus hombros con un rumor de suspiros 3- gemidos. No lo quedó á la princesita en la garganta sino la señal de los hilos del collar: una espiral rojiza que parecía dibujada con la punta de un alfiler. Y aquí da fm este cuento, que, después de todo, no tiene nada de nuevo, porque no es la primera historia donde la Caridad hava convertido los lágrimas en perlas, y el Reniordimie: ito las perlas en lágrimas. rEENAJS FLOK