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animado, se celebraron con gran esplendor en Aranjuez con la intervención de los poetas más célebres de aquel tiempo y de las damas más hermosas de la corte. iagfWía de JVígiíea, dispuesta y preparada por el famoso conde de Villamediana, ha dejado, entre otras, memorable recuerdo, y de ella partió la envenenada calumnia difundida por el conde- duque de Olivares respecto á los amores de la reina con el gallardo y maldiciente Correo Mayor del reino, cuyos días terminaron tan trágicamente cuando se hallaba en la flor de su vida. Que el conde, que era en extremo audaz, sintiese inclinación hacia la hermosa soberana; que se presentase en justa ó torneo público llevando como mote en la bandera de su lanza aquel famoso en que representando unos realitos de plata decía Son mis amores, no puede negarse, segán los datos aducidos por el erudito y concienzudo D. Emilio Cotarelo y Moré en su notable estudio biográücocrítico sobre el conde de Villamediana; pero también se ha sostenido que la reina no alimentó en lo más mínimo aquella insensata y criminal pasión, según demostró con gran copia de datos el insigne é inolvidable D. Juan Eugenio Hartzenbusch en el discurso con que contestó al leído por D. Francisco Outanda al ingresar en la Academia Española. Pero lo cierto es, á pesar de todo esto, que la calumnia explotada por el conde- duque de Olivares para atacar á la reina, su enemiga, ha pasado á la historia y ha sido explotada por novelistas y autores dramáticos, como la de los supuestos amores de Isabel de Valois con su hijastro el desdichado príncipe D. Carlos. Por algo dice un refrán castellano: Caliminia, que algo queda. La reina doña Isabel de Borbón fué muy poco afortunada como madre. En 14 de Agosto del mismo año de 1621 dio á luz el primer fruto de su matrimonio, que fué una niña que sólo vivió veintinueve horas. En 1623 volvió á dar á luz otra niña; la infanta doña Margarita María Catalina, que murió antes de cumplir un mes, por descuido del ama que la daba el pecho. Por tercera vez dio vida la reina Isabel á una niña: la infanta María Eugenia, que subió al cielo á los veinte meses, y después de un mal parto parió un niño en el día 17 de Octubre de 1629, cuya venida al mundo causó gran íegocijo en la corte, y fué bautizado con gran pompa, poniéndosele los nombres de Baltasar Carlos. Cuando iba á cumplir dieciséis años, asistía con el rey su padre á los despachos y estaba concertado su enlace con la archiduquesa Mariana de Austria, murió repentinamente este príncipe en Zaragoza el 9 de Octubre de 1646, hallándose en aquella ciudad con su padre de viaje. Tuvo la reina otras dos hijas: la infanta doña Mariana, qne murió á los seis años de edad, y la infanta doña María Teresa, que fué, andando el tiempo, esposa de Luis XIV de Eran cía. La reina dofialeabel de Borbón entregó su alma á Dios en el real palacio del Pardo el 6 de Octubre de 1644, á los cuarenta y un años no cumplidos de edad y á los veintitrés de reinado. Dejó muchas fundaciones piadosas y caritativas, y al ser trasladados sus restos al Es corial, se hicieron en Madiid sentidas manifestaciones de duelo, vistiendo de luto no sólo la corte, sino el pueblo. KASABAL D I B U J O S DE E 5 TEVAN