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fÍÍ 0 W 0 fMt Doña Blasa, ¿conque usté cuenta con mi compañía para ir á pasar un día de campo? No sé por qué. Su invitación bien me agrada, mas no iré de ningún modo, porque me acuerdo de todo lo que hubo la vez pasada. Cuatro duros m e costó la tal jira, y me lucí. Pagó usté el pan y ¡ay d é m í! lo demás lo pagué yo. Usted llevó de esa gente que en las bromas se propasa, y me hizo volver á casa deshecho completamente. No son exageraciones; eso pasó y mucho más, como puede verse en las adjuntas ilustraciones. Y sobre todo, á mí no se me puede ya olvidar que al irle á usted á pagar la parte que me tocó, me devolvió usted un dui- o que no ha pasado hasta ahora porque es falso; sí, señora, y hasta creo que es perjuro Y resultó más que nada pesada la broma. ¡Como que el tal duro era de plomo 1 ¡No pudo ser más pesada! Por lo demás, en sus redes cogido, señora mía, yo al campo con gusto iría á retozar con ustedes; porque el buen aire es la vida, se respira de otro modo, y en el campo pasa todo; eso es cosa ya sabida. Pasa allí una libertad de palabra y a u n de acción que luego en la población no admite la sociedad. AHÍ pasa el que se lleve ropa modesta y sencilla, y pasa cualquier faltilla de educación, siendo leve. Pasa en el campo también comer sobre el verde prado, por más que yo ni tumbado ni en cuclillas cómo bien Que en el campo todo pasa lo repito y lo aseguro; lo que no pasa es el duro que me dio usté, doña Blasa! Coman ustedes y gocen, y esta vez, si busca gente, acuda usted mayormente los que no la conocen, y ellos en la red caerán. ¿Que esto la enfada? Lo siento. Conque abur. Mande á su atento servidor y amigo PÉKEZ ZÚÑIGA